El insomnio de Volpi: hacia una interpretación paratextual de Las cuatro consideraciones intempestivas de Jorge Volpi

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Charles LeBel
University of Conneticut


Este trabajo provee un análisis formal de la colección de ensayos de Jorge Volpi, El insomnio de Bolívar (2009), como contrapunto a una crítica contenidista, en su mayoría negativa. El autor sostiene que algunos elementos textuales específicos anticipan y buscan neutralizar tal crítica enfatizando el linaje genérico del texto en el contexto de las letras latinoamericanas. Desde el Facundo de Sarmiento a las Inquisiciones de Borges y aún más allá, esta obra es a menudo utilizada en la construcción e interrogación de identidades regionales en América Latina. La colección de ensayos de Volpi acoge esta tradición de una manera intencional, apropiándose dramáticamente de las convenciones genéricas hacia la subversión del proyecto ensayístico de la región. Mientras varios críticos sugieren que el contradictorio contenido de los ensayos de Volpi no contribuyen mucho en los debates actuales sobre problemáticas latinoamericanas de la identidad, una cuidadosa interpretación de sus elementos formales revela que el autor no busca resolver tales problemáticas sino más bien practicar la imposibilidad de su resolución.


 

A pesar de ser ampliamente leído y comentado dentro del ámbito intelectual latinoamericano de años recientes, El insomnio de Bolívar (2009) de Jorge Volpi parece haber generado muy poca crítica. El perfil conocido de Volpi como intelectual público, reflejado por ejemplo en la colección de ensayos titulada En busca de Jorge Volpi (López de Abiada y Jiménez Ramírez) ha sido un factor en estimular mucho interés crítico con respecto a su obra. Sus intervenciones culturales incluyen el ser director del Canal 22 en México, periodista para El País en España y Proceso en México, creador del blog exitoso El Boomeran(g), novelista premiado y autor de ensayos diversos como el políticamente arraigado La imaginación y el poder: Una historia intelectual de 1968 y el más reciente y políticamente desinteresado Leer la mente. Varios títulos del mismo autor, notablemente las novelas En busca de Klingsor y Oscuro bosque oscuro, han generado animadas conversaciones sobre su afán investigador, tono juguetón y otra serie de temas. En cambio, la colección de ensayos ganadora del Premio Debate Casa de América de 2009 carece de tan meditado análisis. La pobreza general de las varias reseñas que se limitan a resumir algunos argumentos polémicos del libro pone en evidencia el sorprendente vacío crítico en torno suyo. Considerando la rica tradición genérica a que pertenece la colección de ensayos de Volpi, merece la pena desarrollar un análisis que indague en los pormenores textuales que suplementan, y en algunos casos subvierten, el estricto contenido socio-político del texto. El siguiente análisis tiene como objetivo extender el corpus investigativo relativo a El insomnio de Bolívar mediante la exploración de ciertos elementos formales que sirven para orientar la interpretación del libro. El aporte de este estudio a la conversación sobre Volpi y su obra será remediar en cierta medida la confusión genológica que lleva a lecturas exclusivamente contenidistas de esta colección de ensayos.

Un breve repaso de varios escritos en torno a El insomnio de Bolívar pone en evidencia la inquietante tendencia contenidista de mucha crítica relativa al género ensayístico en Hispanoamérica. En su libro Poéticas del ensayo venezolano, Miguel Gomes ofrece una definición práctica del contenidismo siguiendo a Lagmanovich: “el análisis del ensayo desde ángulos extraliterarios, haciéndolo exclusivamente materia sociológica, política, económica, antropológica, etc. y despojándolo del todo de una índole cercana a la narrativa, a la lírica y al teatro” (26). Aproximarse a cualquier ensayo hispanoamericano desde tal óptica es cometer el descuido de negar la gran tradición genológica a la que pertenece –como veremos en detalle más adelante– y por lo tanto tiende a resultar en lecturas algo reductivas y poco satisfactorias. A diferencia de la aproximación contenidista, de acuerdo con Claudio Guillén, “La investigación genológica, más que una taxonomía inductiva elaborada en la actualidad, […] es el deslinde de unos complejos espacios mentales, paradigmáticos, y de su cambiante trayectoria histórica” (149-50). De allí la caracterización de Sergio González Rodríguez del género ensayístico mexicano actual –al cual llama, haciendo eco del “centauro de los géneros” de Rubén Darío, el “ensayo-monstruo” (33)–. Según González Rodríguez,

El ensayo refleja un sentido demiúrgico, creador. La aventura actual de la persona frente a un mundo de cariz fragmentario y simultáneo, le permite construir a quien lo intenta mixturas y desbordamientos formales. ¿Cómo? A partir de los géneros literarios y las disciplinas, mediante el acceso múltiple a otras culturas y ámbitos. Quien escribe ensayos da origen a criaturas insólitas, que retan las normas y los órdenes convencionales. Esta peculiaridad remite en un primer momento a la creación de monstruos[…] Los monstruos desafían la imaginación, presagian, recuerdan, advierten, dan qué pensar. (33)

El ensayo-monstruo rehúsa la simplificación de la crítica contenidista, que busca establecer el “argumento” de un texto sin hacerle justicia a su posible riqueza formal.

En el caso de El insomnio de Bolívar, abundan los resúmenes que pretenden destilar el contenido argumentativo del libro en un vano intento de representarlo. Daniel Centeno, en la introducción de su entrevista con Volpi, hace precisamente eso:

En El insomnio de Bolívar dice que la idea de Latinoamérica ha desaparecido porque ya no existen dictadores ni guerrillas (sin que esto implique que la democracia haya triunfado); por el fin del realismo mágico; y por el creciente desinterés de Estados Unidos y del resto del mundo hacia América Latina.

Se nota aquí que el verbo operativo del brevísimo resumen –“dice”– transmite tan solo el qué plantea Volpi, sin preocuparse de ninguna manera por cómo lo plantea. De hecho, incluso una lectura contenidista más detallada descubriría problemas con esta vana caracterización de lo que declara Volpi.

De igual modo, gran parte de las preguntas hechas al autor en entrevistas sobre este texto se enfocan en el puro contenido ideológico. Carelli Lynch, por ejemplo, introduce sus interrogaciones con breves comentarios que reflejan la misma falta de interpretación matizada: “En su libro [usted] señala que la posibilidad de un futuro latinoamericano está inexorablemente atado a la relación con EE.UU.”; “Usted analiza la caída de las grandes narrativas en América latina ¿Cómo afecta eso a los habitantes de cada país?” El tono de tales preguntas parece reflejar cierta confusión respecto al verdadero oficio de Volpi como escritor, o en lo que concierne a su uso del ensayo. Aunque José Miguel Oviedo nos recuerda que “Hay que distinguir al ensayo de otras formas (filosofía, crítica o estudio erudito)” (14), todavía perduran actitudes críticas que ignoran esta diferenciación clave.

La frustración del ensayista frente a esta confusión, mientras tanto, no pasa desapercibida: “Volpi, aunque es un hombre educado, se le nota harto de repetir lo mismo en todas las entrevistas” (Centeno). Cuando se le pregunta si la investigación previa fue indispensable para la escritura tanto de El insomnio de Bolívar como de otro textos, el autor responde básicamente que no. “También me gusta la escritura como objeto de reflexión o creación”, aclara Volpi. “El insomnio de Bolívar es bastante claro en este aspecto: no es un ensayo historiográfico, ni siquiera político. Es la mirada de un escritor frente a la realidad política y literaria de América Latina” (Centeno). No obstante, críticos como Paul Laurent lanzan cáusticos comentarios al texto, acusándolo de fallar en objetivos que erróneamente se le atribuyen al señalar que El insomnio de Bolívar ofrece:

Ninguna novedad, ningún aporte. Descripciones de hechos conocidos adornan el texto. Semejante a una monografía escolar. Mezclando hechos políticos, de ayer y hoy, con los afanes literarios de los jóvenes escritores. ¿Intentando armar un panorama global y multidisciplinario, mejor dicho, bidisciplinario? Para ello se necesita genialidad, y aquí no se devela. Ni por asomo. (Laurent 2)

La crítica de Laurent apunta a algunos “problemas teóricos que plantea” el ensayo como género con respecto al horizonte de expectativas que conlleva (Gomes 113). De nuevo se transmite la intransigente expectativa de que el ensayo constituya sobre todo un vehículo ideológico, cargado de revelaciones transcendentales o empíricas. La frustración de esta expectativa, poco razonable en términos genológicos, es para Laurent una “estafa” (3) –en vez de un estudio erudito, “se nos ofrecerá una especie de guía turística de [América Latina], centrada en la política y la literatura. Quizá para que un europeo y/o un norteamericano ignorante de esta parte del mundo pueda curar su no-saber. A lo mejor” (2)–.

Aunque parezca una reacción un tanto exagerada, la de Laurent es representativa de la desalineación de expectativas sintomática de lecturas mayormente contenidistas de ensayos hispanoamericanos como el de Volpi. Laurent evidentemente supone que una función principal de El insomnio de Bolívar con respecto al lector es instruirle, a pesar de la larga tradición ensayística que tiende a defender lo contrario. Esto no es nada nuevo –expresiones de actitudes parecidas se hallan desde los meros inicios de lo que hoy se llama el género ensayístico, incluso en el prólogo del siglo XVII que Diego de Cisneros le hace a Montaigne, reconocido progenitor de esta forma literaria–, y se nota una marcada desilusión con respecto a la “flaqueza” educativa de los ensayos. Pero, como declaró con elegancia Alexander Smith a mediados del siglo XIX: “it is not the essayist’s duty to inform, to build pathways through metaphysical morasses, to cancel abuses, any more than it is the duty of the poet to do these things. Incidentally he may do something in that way, just as the poet may, but it is not his duty” (22-3).

Este vínculo entre el ensayista y el poeta es, cabe subrayarlo de nuevo, central al momento de interpretar El insomnio de Bolívar en su contexto genológico. Afortunadamente, no todos los críticos se enfocan solo en el contenido ideológico y argumentativo del ensayo de Volpi. Verónica Galván presenta una interpretación interesante del libro en la que considera ciertos elementos estéticos presentes en él. A pesar de también resumir sus ideas principales desde una postura todavía contenidista, Galván apunta tanto la potencia contrastiva del ensayo que sirve para desmitificar la unidad socio-cultural latinoamericana como la ostentosa metatextualidad que ofrece al lector “la posibilidad de acceder a un catálogo de textos literarios de imprescindible lectura” (192). Quizás el comentario más interesante que hace Galván con respecto a la forma de El insomnio de Bolívar constituye, no obstante, un punto discutible. “Sin tapujos”, escribe Galván, “el libro desandará estratégicamente la historia cultural y política de las naciones de América” (192). Si El insomnio de Bolívar puede o no sencillamente ser interpretado como un repaso sistemático y “sin tapujos” del trasfondo del paradigma político-cultural actual en Hispanoamérica sigue siendo una cuestión controvertida que, en este caso, facilita el paso a un análisis formal más profundo.

Lo que Galván caracteriza como estratégico en otras reseñas y críticas se estima más bien caótico e incoherente. Esta es la perspectiva de Carlos Bravo Regidor, quien explica que “el problema, casi sobra decirlo, no son las provocaciones, tremendas o desdentadas según la sensibilidad de quien las lea. El problema son las incoherencias”. Significantemente, este comentario repite los escarnios parecidos dirigidos hacia Domingo Fausto Sarmiento tras la publicación del Facundo, hoy considerado prototipo del ensayo hispanoamericano. En su Breve historia del ensayo hispanoamericano, Oviedo destaca algunas contradicciones principales del Facundo, que además es “muchas cosas a la vez: sociología, historia, biografía, panfleto político, geografía, testimonio, periodismo, costumbrismo, libro de viajes, novela… Libro-síntesis, pero síntesis romántica, desigual y a veces discordante” (29). Sin embargo, otros críticos de Volpi no juzgan tan negativamente este carácter discordante de El insomnio de Bolívar.

María José Bruña Bragado, por ejemplo, parece alabar la discordancia en la obra de Volpi, reconociéndola como una propiedad emergente de la compleja interacción entre la forma y el contenido. Según ella, “la acertada imagen del holograma [propuesta por Volpi] es idónea para describir lo que sucede desde un punto de vista artístico en el subcontinente americano, dado su carácter fragmentario, fluidez, volatilidad y proyección virtual” (297) –y esto se tematiza en el libro mediante su constante modulación de géneros–:

También el realismo intimista, la novela policiaca, la síntesis con el arte conceptual caben en las nuevas propuestas y los cambios más significativos son la reaparición de la veta fantástica, y la hibridez de géneros que combina autobiografía, novela, ensayo, periodismo y poesía, de la que El insomnio de Bolívar bien pudiera ser una muestra. (Bruña Bragado 297)

Bruña Bragado también comenta otros elementos estéticos del texto de Volpi, destacando por ejemplo el marcado uso de la ironía y el humor que “no siempre … se revela como mecanismo adecuado para el análisis o la reflexión crítica” (294), y el tono novelesco reconocible de novelas como En busca de Klingsor y Mentiras contagiosas, las cuales también son pertinentes para el presente caso. Más allá de estas observaciones, que ciertamente reflejan la sensibilidad de la crítica respecto a la tradición ensayística en Hispanoamérica, la reseña de Bruña Bragado trata –aunque solo sea de paso– de unos pocos elementos formales de interés para el presente estudio. Principal entre ellos son los “epígrafes paratextuales que remedan los subtítulos explicativos de la novela caballeresca y de aventuras del Siglo de Oro” (294), cuya importancia estética se demostrará en detalle más adelante. Mientras que el trabajo de Bruña Bragado supera el de críticos anteriormente discutidos, al tomar en cuenta la rica tradición genológica a la que pertenece El insomnio de Bolívar, todavía se limita a explorar rasgos textuales en un sentido estricto. Para un análisis aún más detenido, merece la pena rescatar ahora algo que más directamente apunta en esa dirección.

Al contrario de lo que afirma Paul Laurent sobre la falta absoluta de novedades y aportes significativos en El insomnio de Bolívar, René Peña Govea estima como novedosas varias “estrategias retóricas y didácticas interesantes”, “enmarcadas en una estructura arraigada en tradiciones ensayísticas latinoamericanas” (101). Además de la intertextualidad comentada también por Galván y Bruña Bragado entre otros, Peña Govea destaca la táctica ingeniosa del derecho de autor que Volpi emplea en desarrollar sus consideraciones. Los ejemplos del empleo de esta táctica son tan provocadores como variados: “América Latina© (Volpi 53); “Es la economía, estúpido©” (125); “Realismo mágico©” (69); “dictador latinoamericano©” (62); “guerrillero latinoamericano© (62); “tirano latinoamericano©” (60); “Democracias imaginarias©” (89); “Caudillos democráticos©” (110); “literatura latinoamericana© (167); “intelectual latinoamericano© (181); “novela del narco© (186). Peña Govea dice que el derecho de autor es para Volpi “una técnica que le permite esbozar similitudes culturales y políticas entre países” (101), pero quizás más interesante es cómo esta táctica se relaciona con cuestiones de apropiación de poder simbólico. Michael Foucault explica en Qu’est-ce que c’est qu’un auteur?” que el establecimiento del sistema robusto de convenios sobre la propiedad y autoridad entre finales del siglo XIX y principios de XX se corresponde con el surgimiento de las propiedades transgresivas, siempre intrínsecas en el acto de escribir, como el imperativo contundente de la literatura (83-4).

Comme si l'auteur, a partir du moment où il a été placé dans le système de propriété qui caractérise notre société, compensait le statut qu'il recevait ainsi en retrouvant le vieux champ bipolaire du discours, en pratiquant systématiquement la transgression, en restaurant le danger d'une écriture á laquelle d'un autre côté on garantissait les bénéfices de la propriété. (Foucault 84)

Pensando así, el uso del derecho de autor de Volpi constituye un acto de transgresión al apropiarse de signos populares como “América Latina” y “realismo mágico”. Pero aquí no se trata de una sencilla transgresión del orden simbólico, sino una transgresión irónica que sirve de metacomentario sobre la tropología desencadenada que Volpi observa en su momento histórico-socio-cultural.

En vez de utilizarlos de manera directa, con el derecho de autor Volpi desvela la conversión de los tropos arriba enumerados en simples lugares comunes en la retórica actual de América Latina, y “el © alude ingeniosamente a la comercialización de estos tropos: tanto las novelas de dictador como los mecheros con la cara del Che son productos lucrativos” (Peña Gavea 102). El vínculo trazado aquí entre el capital simbólico ganado a través del manejo transgresivo de la retórica y la cosificación de la propiedad intelectual encuentra su correlato en el movimiento modernista, al cual le tocó vivir el momento histórico preciso que antes comentaba Foucault (Villagómez Rosas 41-8). La plasmación de esta complicada relación simbólico-económica se desarrolla en la tercera consideración de El insomnio de Bolívar, como bien se documenta en el trabajo de Bruño Bragado (296), y también nos sirve de punto de partida para emprender a continuación un detenido análisis del libro como producto cultural arraigado en la rica tradición del ensayo hispanoamericano. Pero cabe destacar otra perspectiva frente al uso del derecho de autor antes de proceder: el © puede considerarse una perfecta sinécdoque para la expresión ensayística.

Desde la óptica legal-mercantil de convenios internacionales sobre el derecho de autor, lo que protege el © no es de hecho la idea misma a la que se adjunta, sino precisamente la expresión de ella. Como explica William Strong en The Copyright Book, “it is an old truism in copyright law that you cannot copyright an idea but only your expression of it: ideas, like facts, are in the public domain” (13). El empleo enfático del © junto a ciertos conceptos fundamentales para su discurso indica que Volpi, lejos de pretender desempeñar el papel de especialista político-cultural que quieren asignarle Laurent y otros, está anunciándose principalmente como artista y escritor. La distancia ideológica potencial entre la “América Latina” del orden simbólico del dominio público y la “América Latina©” de la cosmovisión volpiana, por ejemplo, es difícil de sobreestimar. Al estampar este término con el derecho de autor, Volpi asume total autoridad sobre su planteamiento de ello. Al hacer esto él evade toda expectativa de objetividad y abre el espacio para crear libremente su visión del tema, lo que define en última instancia la labor del ensayista. Se puede decir que el derecho de autor en El insomnio de Bolívar funciona entonces como una clave para interpretar el texto, subrayando la importantísima y estrechísima relación entre forma y fondo, arte e idea, que es un elemento distintivo del género.

Es importante dirigirnos ahora al texto mismo para comentar varias claves formales que sirven en cierta medida para informar del encuentro entre el texto y su lector. Consideremos primero la anécdota que cuenta Volpi en la tercera consideración, “América Latina, holograma”, donde un grupo de jóvenes escritores latinoamericanos se encuentran con “la crema y nata del mundo literario español” (El insomnio 153).

Más que un diálogo o un intercambio de opiniones, la mañana transcurre como una rebatinga de mercado: periodistas, críticos y directores de suplementos se comportan como los reacios clientes de estos taimados vendedores de alfombras que son los nuevos escritores latinoamericanos, Bolaño incluido. (Volpi El insomnio 154)

En este fragmento y los párrafos que siguen, Volpi utiliza la metáfora de la alfombra para pintar una visión algo utilitarista de la relación entre el escritor y el mercado, aquí representado por los periodistas, críticos y directores de suplementos. La alfombra es una metáfora útil para hablar del libro a varios niveles: es un objeto en concreto, un producto con cierta utilidad práctica y decorativa, cuya forma es extremadamente variable aunque es casi siempre reconocible bajo la caracterización de alfombra. El libro, por ejemplo este mismo de Volpi o incluso otro de la figura venerada de Bolaño, de igual modo compite en el mercado por la atención de un público cuya displicencia es palpable: “¿Qué tenéis para ofrecernos, señores? –es la cuestión implícita en cada una de sus preguntas –. ¿Por qué habríamos de comprar vuestras alfombras cuando hoy día, en el gigantesco bazar de la literatura, hay tal variedad de alfombras para elegir?” (154). Volpi transmite en este pasaje lo plenamente consciente que es de las realidades del mercado literario, y por ende de su responsabilidad de diferenciar su producto de la competencia. No debe extrañar entonces que el aspecto estético de El insomnio de Bolívar refleje esta conciencia mercantil de su autor; lo anterior pone en relieve lo importancia de contemplar este texto tomando en cuenta la íntima relación entre forma y contenido que este pasaje dramatiza.

Las expresiones de desilusión respecto a los argumentos del libro, concisamente representadas en la reseña de Paul Laurent, tal vez no reflejen una actitud contenidista que ignora el horizonte de expectativas formales en torno al género, ni quizás la posible ignorancia general de los críticos frente a la tradición ensayística hispanoamericana. Esta desilusión parece señalar mejor la pérdida de ciertos indicios codificados en la estructura y paratextos del libro que sirven de guía para desarrollar una interpretación contextualizada de él. Tal es el caso de Stéphanie Desrochers, cuyo Expériences du Nouveau Monde: Étude de la relation entre essai et narrativité dans les recueils Intérieurs du Nouveau Monde de Pierre Nepveu et El insomnio de Bolívar de Jorge Volpi declara que, dado que la palabra “ensayo” no aparece en ninguna parte en los paratextos de El insomnio de Bolívar, el único elemento paratextual que insinúa al lector que se trata de una obra ensayística es la mención del Premio Debate Casa de América (57).

La cuestión de este premio es intrigante, por un lado porque Paul Laurent cita su anuncio en la cubierta del libro como un factor que aumenta sus expectativas finalmente frustradas (3), y por otro porque conlleva algunas connotaciones importantes al nivel del mercado literario. El sitio web de Casamérica declara primero que este premio se convoca “con el propósito de fomentar la reflexión y la crítica en torno a las realidades de nuestro tiempo”, y que entre los textos candidatos se cuentan “obras de ensayo, análisis, crónica, comentario o crítica”. También se enumeran las bases por las que un autor puede optar al premio especificando que la presentación debe ser “obra de no ficción, en el más amplio sentido de la palabra”, y que “el jurado valorará la originalidad y audacia en la elección del tema y la calidad literaria de los textos”. Todos estos criterios del premio dan a entender de antemano que el libro de Volpi corresponde a este esquema, limitando así posibles interpretaciones textuales despistadas, y en ellos se nota el énfasis en la importancia de la creatividad literaria. De esta manera, el capital simbólico otorgado por Casamérica coloca El insomnio de Bolívar en una posición de mercado privilegiada, como obra de arte de calidad oficialmente reconocida.

Al contrario de lo que afirma Desrochers, el anuncio del Premio Debate Casa de América no es el único indicador de género que se halla en los paratextos de El insomnio de Bolívar. Aunque algunos argumentarían que Volpi probablemente no tuviera ninguna influencia sobre el diseño de la portada, el comentario de Desrochers es todavía válido al momento de considerar las realidades del mercado literario de las que el autor es plenamente consciente. La teorización de Gérard Genette sobre cómo los elementos periféricos de un texto (como la imaginería de la cubierta, los títulos, intertítulos e índices sirven para presentarlo al lector) sirven para condicionar su interpretación justifica este acercamiento estético (7). Según Genette, “la franja” periférica de los paratextos es:

en effet, toujours porteuse d’un commentaire auctorial, ou plus ou moins légitimé par l’auteur, constitue, entre texte et hors-texte, une zone non seulement de transition, mais de transaction: lieu privilégié d’une pragmatique et d’une stratégie, d’une action sur le public au service, bien ou mal compris et accompli, d’un meilleur accueil du texte et d’une  lecture plus pertinente – plus pertinente, s’entend, aux yeux de l’auteur et de ses alliés. (8)

Asimismo, considerando cómo el autor supuestamente debe concebir su “alfombra” en el “gigantesco bazar de la literatura” (Volpi El insomnio 154), sorprendería si no hubiera más información clave y seductora, más allá del anuncio del premio, codificada en la portada del libro. Más allá de cumplir su función más obvia de llamar la atención del público (Genette 26), la cubierta de todas las ediciones hasta la fecha de El insomnio de Bolívar se presenta al lector prospectivo de manera significativa mediante una ingeniosa metáfora visual. Ya desde lejos se discierne la forma inconfundible de América Latina en azul, el rojo y el amarillo propios del proyecto bolivariano de la Gran Colombia. El sentimiento aquí evocado de unidad y coherencia rápidamente se disuelve, como antes lo hizo la utopía bolivariana. Otro vistazo revela que la imagen de la región es incompleta al excluir las islas caribeñas, y de otro modo gratuita al incluir Brasil, cuyo estatus de país hispanoamericano depende de definiciones inestables, como elucida Volpi en el mini-ensayo titulado América Latina© (El insomnio 53-5).

Tras un examen más detallado de la imagen, uno ve que la forma imperfectamente reproducida de América Latina es de hecho una construcción lingüística, compuesta del anuncio del Premio Debate Casa De América seguido por el nombre del autor, y finalmente el título y el subtítulo del libro. Entonces, la metáfora visual funciona también como el tropo de ‘América Latina = ensayo’ presentado en forma cabal por Germán Arciniegas en su Nuestra América es un ensayo y retomado por otros ensayistas en varios momentos. Todo esto transmite desde la mera cubierta un argumento central en el libro: lo que se llama comúnmente ‘América Latina’ es un espejismo u holograma, tan fragmentario como visualmente son las palabras del título que la esbozan. Pero al mismo tiempo se mantiene el argumento contrario, también sostenido por Volpi, de que estas palabras, como los fragmentos de la región, sí constituyen de cierta manera una paradójica totalidad simbólica. De acuerdo con la tradición ensayística de vincular íntimamente la forma del texto con su contenido, pasemos ahora a un análisis del contenido que da forma a este título.

Volviendo otra vez a la crítica severa que Laurent le dirige a El insomnio de Bolívar se destaca otra cita que resulta de gran interés para el presente estudio, fuera de los motivos que tuvo el autor. “Verdad”, dice, “el título es lo mejor que hay junto con la cita textual de Bolívar. Busque usted en las 259 páginas de la obra y no encontrará nada mejor que ello” (Laurent 2). Está claro que aquí se trata de un comentario peyorativo, incluso devastador si llega a imponerse en el discurso del mercado literario, con respecto al valor de la obra global. Sin embargo, es aún más llamativo el hecho de que Laurent enfatiza correctamente lo ingenioso que es el título. Las primeras cuatro palabras constituyen el título propiamente dicho, mientras lo demás puede verse según los criterios de Gérard Genette como el subtítulo, y las dos partes funcionan en concierto para primero identificar el libro, segundo designar su tema y por último resaltarlo como obra (73). Al llamarse “El insomnio de Bolívar”, este texto choca directamente contra el discurso hegemónico sobre la unidad latinoamericana, invocando la imago del Libertador e invirtiendo de golpe el tropo del “sueño de Bolívar”. Así abre un diálogo antagónico no solo con la Primera carta de Jamaica del mismo Bolívar sino con gran parte de la tradición ensayística de Hispanoamérica. De esta manera el título transmite que el tema del libro será la cuestión de la unidad latinoamericana, al mismo tiempo que presenta el libro como una suerte de antítesis del proyecto bolivariano. En este caso el título performa una función ‘temática’ y otra ‘remática’ al mismo tiempo, es decir, en ello se señalan tanto el contenido como la forma del libro (Genette 85). Las dos funciones además se refuerzan mutuamente, lo cual se hace más visible al indagar también en el subtítulo.

La designación remática de “cuatro consideraciones” tomada a la luz de la tradición del ensayo como género literario es menos ambigua que lo que la caracterización de Desrochers implicaría (56). Ésta afirma que la ‘consideración’ no es “une catégorie générique ni attestée ni usuelle” (Desrochers 56), lo cual parece ignorar la tendencia de varios ensayistas, no solamente hispanoamericanos, a emplear términos análogos al “essai” de Montaigne (Gomes Géneros literarios 114). El título de ‘consideración’, igual que “Méditations, Harmonies, Recueillements, Considérations inactuelles, Divagations, Approximations, Variété, Tel quel, Pièces, Répertoire, [y] Microlectures, sí transmite información paragenérica que influencia la interpretación del texto (Genette 82-3). De modo parecido presenta Sarmiento su Facundo como una “obrita” en la introducción de algunas ediciones del texto, y Rodó titula su colección de ensayos de 1919 El camino de Paros: meditaciones y andanzas, dando a entender que las “consideraciones” de Volpi también toman parte de esta tradición apelativa que refleja el carácter “experimental” del género (Gomes Los géneros 115). Como explica el autor explícitamente en “A manera de prólogo: confesión y confusión”:

Estos ensayos aspiran a ser justo eso: bosquejos, pruebas de laboratorio cuya meta no consiste en trazar un vasto mapa político y literario de la región a principios del siglo XXI –uno de mis argumentos principales es que esta tarea se ha vuelto inútil o imposible–, sino en estudiar algunas de sus muescas, trozos dispersos, huellas o astillas, y extraer de ellos unas cuantas conclusiones, igualmente truncas o fragmentarias, que nos permitan atisbar el fecundo caos que hoy distingue a este agreste y poderoso territorio imaginario que algunos todavía llaman América Latina. (Volpi El insomnio 26)

De acuerdo con Desrochers y otros, el hecho de que el subtítulo especifica que son cuatro las consideraciones señala de antemano la fragmentariedad formal del libro, lo cual corresponde directamente a su fragmentariedad temática, expuesta por Volpi mismo en el pasaje arriba reproducido.

Cabe destacar que la especificación de las “cuatro consideraciones” en el subtítulo no solo pone en duda la integridad textual de la obra, sino que incluso podría llegar a leerse como un error de numeración. Mientras que es cierto que en el índice se enumeran cuatro consideraciones, en el “A manera de prólogo” con que Volpi comienza el libro se hallan los mismos elementos estéticos ensayísticos comentados por Bruña Bragado, Galván y Peño Govea en los demás ensayos de la colección. Este prólogo-que-no-es-prólogo funciona entonces como otro ensayo más de la colección, fenómeno ciertamente borgiano que desmiente la cantidad de “consideraciones” citada en el subtítulo. De allí el “A manera de prólogo” (Volpi El insomnio 11; énfasis mío) en vez de la más concreta denominación de “prólogo”, y también la otorgación especial de su propio epígrafe declarativo: “Donde el autor da cuenta de las inesperadas razones que lo movieron a iniciar esta empresa y cómo descubrió que, siendo mexicano, también era –ay– latinoamericano” (11). Significativamente y a pesar de esta confusión nominativa, el ‘prólogo’ todavía desempeña su función básica de asegurar que el texto se lea correctamente (183) en palabras de Genette, definiendo el género (202) e imponiendo al lector una ‘teoría indígena’ definida por la intención del autor que se presenta como la clave interpretativa más fiable (206). La función de los epígrafes en sí se examinará más adelante, pero antes merece la pena destacar un término más que aparece en el subtítulo.

El adjetivo “intempestivas”, que en el presente caso modifica las “consideraciones”, es un vocablo sumamente revelador respecto a cómo el autor parece valorar sus propios ensayos. La Real Academia Española provee esta definición única y concisa del término: “Que es o está fuera de tiempo y sazón”. Por un lado, al usar esta palabra Volpi reconoce abiertamente que sus comentarios sobre el tema de la unidad latinoamericana pueden considerarse algo desfasados. De ese modo, el autor intenta hacer frente a futuras críticas como las de Laurent, en que se ataca lo discursivamente “viejo y trillado” (Oviedo 12) que El insomnio de Bolívar no logra superar. La palabra “intempestivas” parece advertir también un carácter supuestamente transgresor del libro, cuyas provocaciones son de acuerdo con Bravo Regidor “tremendas o desdentadas según la sensibilidad de quien las lea”. La interpretación tal vez más convincente del uso de este término se relaciona con el mismo tropo del sueño de Bolívar, el cual se anula directamente en el título principal del libro: son estas “consideraciones” mismas las que no dejan dormir al Libertador. Las escenas novelísticas de Bolívar que abren y cierran la colección de ensayos funcionan como marco que encuadra el cuerpo argumentativo del texto –primero la imagen del Bolívar insomne da paso a las cuatro consideraciones propiamente dichas, y luego al terminar estas se retoma el hilo narrativo para mostrar al Bolívar finalmente al borde del sueño–. De esta manera Volpi presenta su voz como un obstáculo al sueño bolivariano, es decir, a la unidad latinoamericana. Desde su título, El insomnio de Bolívar: cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI, ya está condicionando el horizonte de expectativas respecto al cual el texto ha de considerarse.

Al abrir el libro, tras encontrarse con una nota sobre el Premio Debate Casa de América y la composición del jurado del año 2009 (en que figuran Alberto Manguel, Lucía Méndez, Juan Gabriel Vásquez e Inma Turbau), los datos de publicación y la dedicatoria, el lector se cruza con el epígrafe inaugural del libro en que se retoma el hilo simbólico trazado en la portada. La selección de la Primera carta de Jamaica como fuente del epígrafe de El insomnio de Bolívar es, por un lado, bastante obvia dados el tema y la forma del texto anunciados en sus paratextos exteriores. Como precursor reconocido del ensayismo hispanoamericano (Oviedo 21), Bolívar demuestra en su Primera carta de Jamaica la sembrada discursiva de una ideología independentista y unificadora que marca una parte importante del canon ensayístico temprano en esa región. Desde esta óptica, la cita textual de Bolívar parece en primera instancia una ironía meditada que contrasta con el argumento que ronda el libro de Volpi, contrario a la ideología bolivariana en favor de los regímenes populistas de la actualidad. El fragmento que Volpi elige de la Primera carta de Jamaica, por otro lado, desmiente esta postura. “Todavía es más difícil presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza del gobierno que llegará a adoptar”, cita Volpi a Bolívar. “Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada”. Este pasaje desvela precisamente la duda del mismo Bolívar respecto a su propio proyecto, una duda amplificada a lo largo del libro de Volpi. Esta suerte de autovinculación del autor con varias figuras clave de la tradición ensayística de América Latina se repite y se complica a lo largo de El insomnio de Bolívar, de manera que iguala el trayecto astillado de la disquisición teórica de (des)hacer la América que el libro pretende explorar. El efecto logrado gracias a este epígrafe inicial remata la inversión tropológica del título, matizando de cierta manera la imago que es Bolívar, y rechazando implícitamente su abuso a manos de los caudillos democráticos caracterizados en la segunda consideración.

Ahora tornemos al índice del libro, que es una mina fructífera de paratextos interesantes para el presente estudio. El índice de El insomnio de Bolívar consta de tres páginas en que se presenta la organización del libro en un esquema de cuatro niveles: primero es el nivel global del libro, anunciado por la presencia misma del “Índice”; segundo es el del ‘prólogo’ / consideraciones, nivel en que cada intertítulo se complementa con un epígrafe temático; tercero es el nivel de los capítulos numerados de cada consideración, cuyos títulos a diferencia de los demás se presentan en letras mayúsculas; y finalmente el cuarto nivel que comprende las secciones de los capítulos numerados más desarrollados. Este esquema elaborado no es, como lo caracterizaría Genette, tan sólo un listado fiel del aparato intertitular (292), sino una suerte de broma formal que, de nuevo, juega con el horizonte de expectativas relacionado con el género ensayístico. Genette comenta la táctica parecida de numeración e intertitulación excesivas en la obra de Roland Barthes y algunos de sus seguidores, diciendo que “an entire generation thus gave itself the thrill of ostentatious rigor and illusory scientificity” (287). Es probable que el caso de El insomnio de Bolívar represente un fenómeno similar. A pesar de plantear minuciosamente la organización y paginación del libro tan altamente fragmentado, el índice no hace ninguna mención ni de los nueve ‘mini-ensayos’ ni de las tres tablas gráficas que también figuran en él. La conspicua ausencia de estos fragmentos del listado elaborado pone en relieve la intencionalidad de su omisión por parte del autor, otra vez señalando la imperfección del texto en cuanto a su forma y contenido, y así demostrando la tematización paratextual de su polémico estatus genológico.

El taimado rigor esquemático postulado arriba interactúa de manera intrigante con la inclusión ostentosa de los epígrafes adjuntos al ‘prólogo’ y las cuatro consideraciones, los cuales “remedan los subtítulos explicativos de la novela caballeresca y de aventuras del Siglo de Oro” (Bruña Bragado 294). Estos cinco epígrafes de El insomnio de Bolívar, que por cierto no incluyen la cita de la Primera carta de Jamaica anteriormente comentada, toman la fórmula exacta del “relativo adverbial Donde seguido de núcleo verbal impersonal –Se cuenta…, Se prosigue…, Se trata…” identificada por J.M. Gago en 45 de los epígrafes cervantinos del Quijote (60). De manera llamativa, Genette toma el mismo ejemplo de los epígrafes cervantinos para comentar el uso irónico de tales intertítulos explicativos a partir de la Edad Media, el cual “peut-être parodiée des textes sérieux des historiens et des philosophes ou théologiens” (276). Genette explica que después de Cervantes, este modelo de epígrafes intertitulares se institucionalizó como la norma (o antinorma) de la narrativa cómica vigente todavía en los siglos XIX y XX (277). El uso de este estilo de intertitulación irónico-narrativista en yuxtaposición con la esquematización pseudocientífica del índice encapsula la modulación genérica del libro antes comentada por Bruña Bragado y Peña Govea entre otros, la cual es identificada también por Oviedo y Gomes como rasgo fundamental del género ensayístico en Hispanoamérica. De modo parecido, la formulación del primer y del último epígrafes, “Donde el autor da cuenta de…” (Volpi El insomnio 11) y “Donde el autor se atreve a…” (13), dramatiza sucintamente la enunciación tematizada que llama la atención al libro como artificio expresivo artístico. Al hablar sobre sí mismo en tercera persona, Volpi se convierte en el narrador-como-personaje de su propio texto, fenómeno desestabilizador que Genette llama “autoficción” (303) y que se parece a la “autonovelación” del escritor que comenta Borges al hablar de Montaigne.

El índice también incluye otros elementos paratextuales de importancia para establecer el registro interpretativo del libro, como se nota por ejemplo en el listado del capítulo poéticamente titulado “A vuelo de pájaro” donde la índole espontánea de los fragmentos se evidencia en destacar la fecha y ubicación de su composición. Es también llamativo que los títulos de estos fragmentos especifiquen la ciudad en que se escribieron sin mencionar el país en que cada una se halla, lo cual parece jugar con la posible ignorancia del lector respecto a la geografía latinoamericana, compartida por los amigos de Volpi que al oír el nombre de Santa Cruz, “simplemente no tienen la menor idea de dónde se encuentra ese sitio y carecen de cualquier tópico al cual aferrarse” (El insomnio 30). La ampliamente comentada intertextualidad del libro también aparece en el índice, notablemente en el capítulo tres de la primera consideración, “¿Queda algo al sur de la frontera?”. La primera sección del capítulo, “El dinosaurio ya no estaba allí”, se refiere al famoso relato de Augusto Monterroso (y posiblemente a la canción “Los dinosaurios” de Charly García) y reproduce la técnica de invertir el tropo igualmente empleado en el título del libro. Lo mismo ocurre en la segunda sección llamada “Sin cola de cerdo”, donde el tropo garciamarquiano también se invierte de manera provocativa. El capítulo seis de la segunda consideración, “Bolívar Reloaded” aparentemente alude a la secuela de la película norteamericana The Matrix, cuyo contenido violento y cuestionable recepción crítica evocan paralelismos interesantes con los polémicos herederos populistas del proyecto bolivariano de la política contemporánea.

Con respecto a Jorge Volpi como escritor, la polémica y elogio en torno a El insomnio de Bolívar han consagrado su estatus como intelectual iconoclasta en América Latina. Pero, como algunos críticos anteriormente citados indican, el perfil público de Volpi quizás no corresponda tanto con su destreza artística sino su “pericia comercial” (Volpi El insomnio 154). Al revelarse como escritor perfectamente consciente de las realidades del mercado literario, y al concentrarse tanto en los aspectos formales de su libro, Volpi se abre a cargos de ser una suerte de “embaucador” que en este caso “se [atreve] a dar gato por liebre” (Volpi El insomnio 154), como insinúa Paul Laurent. Cabe plantear la pregunta de qué es realmente el producto ofrecido bajo el título de El insomnio de Bolívar: ¿son los argumentos controvertidos, la forma textual juguetona, o simplemente el perfil público del autor mismo? Es razonable presumir que consta de una combinación de las tres.

Al terminar esta breve discusión cabe destacar que todos los toques paratextuales aquí identificados, como hemos repetido varias veces, sirven para guiar al lector hacia una interpretación considerada de El insomnio de Bolívar que respete la tradición genológica a la que éste pertenece. Es posible que cierta parte de la crítica negativa en torno al libro de Volpi salga de la desligación entre su forma y contenido, provocando la desalineación entre las expectativas del lector y las intenciones del escritor, y por ende una interpretación deficiente del texto. Aunque varios críticos sí han emprendido un análisis que considera tanto lo argumentativo como lo estético de El insomnio de Bolívar, como vimos en varias instancias en esta investigación, hasta la fecha muy poco se ha comentado con respecto al significado de los elementos estéticos periféricos del libro. Es este vacío crítico lo que el presente estudio busca remediar.

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