A diez años: la (re)mediatización de la memoria y el fotoperiodismo en torno a la crisis argentina 2001-2002

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Delia Pamela Fuentes Korban
University of Miami

 

Durante las tumultuosas jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001, que marcaron el estallido socioeconómico de Argentina, los periodistas documentaron hechos y experiencias con la palabra y la fotografía. A diez años, los testimonios gráficos y escritos reclaman protagonismo en el tiempo y en el espacio, pero sobre todo en la memoria. Es así cómo la intervención urbana “19 y 20 Diez Años – Fotoperiodismo en la calle”, de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina, incitó en 2011 a la rememoración colectiva y la creación de espacios para la memoria. Este artículo examina varios aspectos: el aporte del fotoperiodismo en la conmemoración del décimo aniversario de las protestas sociales, el montaje que se crea en la ciudad que se convierte en agente que recuerda, la mediatización de los testimonios y fotografías, de las memorias individuales y colectivas, así como la re-mediatización de imágenes y memorias en diversos soportes.


It's a pleasure to share one's memories.
Everything remembered is dear, endearing, touching, precious.
At least the past is safe --though we didn't know it at the time. We know it now.
Because it's in the past; because we have survived.
Susan Sontag        

El 19 y 20 de diciembre del 2001 marcaron un antes y un después en la historia y en la sociedad de Argentina. Fueron días de furor, frustración, ruido y violencia. También fueron días en que se ensayaron nuevas asociaciones, formas de resistencia y solidaridad. Los periodistas dispersos en distintos puntos de la ciudad de Buenos Aires pudieron documentar estos días de estallido social y económico. En esos momentos la propuesta de los periodistas argentinos fue registrar a través de la fotografía eventos que sucedían a su alrededor. Sin embargo, tanto las imágenes como los testimonios de los fotógrafos publicados a diez años de la fecha reclaman protagonismo en el tiempo y el espacio, pero sobre todo en la memoria. Es así como la exhibición callejera “19 y 20 Diez Años – Fotoperiodismo en la calle” de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA), incitó en 2011 la rememoración colectiva de aquella fecha al realizar diversas acciones. Desde ese presente, miraron hacia atrás y por medio de una selección de relatos y fotografías —o “gigantografías”—, los testimonios se potenciaron en sitios de memoria efímeros al convertirse en vehículos que canalizaron la memoria colectiva. Este artículo examina el aporte del fotoperiodismo durante la conmemoración del décimo aniversario de las fechas históricas del 19 y 20 de diciembre de 2001, señalando el carácter testimonial de las fotografías, el montaje que gesta la ciudadanía convirtiendo así a la ciudad en agente que recuerda, la creación de espacios donde se mediatizan las memorias individuales de los reporteros gráficos y donde dialogan las diversas imágenes y memorias por medio de la remediatización, por un lado, en las gigantografías y, por otro, en la publicación de AGRAR (2014).

Antes del 19 y 20 de diciembre de 2001
Los eventos que ocurrieron durante el 19 y 20 de diciembre fueron catalogados de estallido. Según Marina Farinetti, un “‘estallido social’ [es] una protesta [que] alcanza un pico de intensidad muy fuerte en relación con el alcance de la participación, la multiplicidad de protagonistas y la violencia que ejerce sobre el orden social y político” (60). Efectivamente en esos días los titulares de diarios articulaban: “[e]stalló el país empujado por la irresponsabilidad política”, “[e]stalló la gente y renuncia Cavallo”, y “[r]enunció Cavallo y todo el gabinete después de una espontánea reacción popular de madrugada”.1 Esta definición se centra en las manifestaciones de descontento cuando estas llegan a un pico, pero los eventos quedan aislados de los procesos que los desencadenaron. Sería mejor entender estos días como reacción a las políticas neoliberales y la culminación de las diversas protestas o “azos”, entre ellas el famoso cacerolazo, que se llevaron a cabo a lo largo de la década de los 90.2

Los años de plomo de la dictadura militar, de 1976 a 1983, fueron el escenario donde no sólo se impuso el terrorismo de Estado y la desaparición de personas, sino también una economía de castigo y de endeudamiento. Una economía diseñada por el ministro Martínez de la Hoz (1976 –1981), continuada, pese a recaídas, por los varios economistas durante la transición democrática de Raúl Alfonsín (1983-1989) y consolidada con la política económica de Domingo Cavallo en los años 90 durante las presidencias de Carlos Saúl Menem (1989-1999). Plegado a los principios del Consenso de Washington, en 1991 se introdujo el plan de convertibilidad que creó la ilusión de estar en el primer mundo al atar la moneda nacional al dólar estadounidense. El historiador Sergio Wischñevsky calculó que entre 1976 y 2001 “la deuda se multiplicó casi por 20, pasando de menos de 8 mil millones de dólares a cerca de 160 mil millones”. Gran parte de la deuda externa se acumuló durante las presidencias de Menem (Partido Justicialista), quien introdujo políticas neoliberales (bajo las leyes de Emergencia Económica y de Reforma del Estado en 1989) que redujeron el rol del Estado en cuanto a beneficios, planes de asistencia, empleo estatal, así como en lo que atañe a otras responsabilidades que fueron delegadas a las provincias. La reducción de las obligaciones del Estado también significó la privatización del patrimonio nacional, que en algunas localidades como Plaza Huincul y Cutral-Có, afectó a poblaciones enteras que dependían de una forma u otra de la industria nacional.3 La reforma de flexibilización laboral de 1996 resultó en la precarización del empleo y reducción de salarios y beneficios, que se tradujeron en subempleo y desempleo. La medida de ajuste que agudizó la política excluyente fue el traspaso de las instituciones sanitarias y educativas (primarias y secundarias) del ámbito nacional al provincial. Los efectos de la descentralización del Estado en las provincias, no obstante, deberían haber sido considerados individualmente ya que no todas gozaban de los mismos recursos.4 La década de los noventa también estuvo matizada por escándalos de corrupción y tráfico de influencia de dirigentes provinciales y nacionales.5

Después de “tanto rocanrol menemista”, en 1999 fue electo el candidato Fernando de la Rúa (Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación), quien prometía extirpar de cuajo la corrupción y luchar por el bienestar de toda la población (cf. Viau 2006). Sin embargo, la imposibilidad de aquietar la presión del Fondo Monetario Internacional (FMI) y mantener la farsa de la convertibilidad, hizo que De la Rúa convocara al autor del plan económico, Domingo Cavallo, a formar parte de su gobierno. La inestabilidad económica y la presión de los bancos se cristalizó en la medida de emergencia denominada “corralito”, anunciada el primero de diciembre de 2001. Este dictamen significó la restricción del acceso de los usuarios y ahorristas a sus cuentas corrientes, de ahorros, y depósitos bancarios. El intento de frenar la fuga de capitales, que podía ser causada por el retiro de dólares de las bóvedas bancarias, no frenó la corrida bancaria hecha por entidades nacionales y extranjeras, al contrario, estas fueron amparadas por el gobierno.6 La sociedad manifestó su descontento con el cacerolazo, donde los sectores de clase media y media-alta hicieron repiquetear sus cacerolas en las calles de las grandes ciudades del país. En estos días se sumaron las frustraciones laborales, paros organizados por la Confederación General del Trabajo (CGT) y los piquetes por movimientos de trabajadores desocupados (MTD) que demandaban planes de trabajo. En varias ocasiones estos reclamos llevaron a choques de resistencia y violencia policial.

En breve, el estallido social que hizo eclosión en los días del 19 y 20 de diciembre de 2001 fue un punto de quiebre después de muchos años de malas prácticas políticas y nefastos planes económicos que agudizaron la deuda y ensancharon la brecha social. La necesidad y la desesperación se materializaron en los días anteriores al 19 de diciembre en iniciativas vecinales de demanda de asistencia alimentaria —repartición de comestibles— al Estado y las grandes cadenas almaceneras. Algunos grandes supermercados cedieron, mientras que aquellos que contaban con mayor protección policial se negaron a cualquier concesión. Muchas personas, privadas de satisfacer necesidades básicas, se vieron constreñidas a tomar una vía más violenta donde el blanco fueron los pequeños almacenes y supermercados medianos cuya protección quedó en manos de sus propietarios. Los saqueos del 18 de diciembre se replicaron en varios puntos del país y se sumaron a la participación de movimientos sociales en las nuevas formas de protesta que empezaron a copar la calle. Esta combinación se hizo presente en espacios públicos desde donde, en esos días, una gama de actores sociales reclamaba al unísono la renuncia de la dirigencia política: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. El 19 por la noche el presidente De la Rúa intentó disipar las incesantes manifestaciones en la capital por medio de un comunicado televisivo donde declaró el estado de sitio en todo el territorio nacional. Esto enardeció aún más a los manifestantes, cuyas demandas fueron sólo parcialmente cumplidas con la renuncia del ministro de economía, Cavallo. Si bien las protestas fueron pacíficas, la infracción del estado de sitio les dio cabida a las fuerzas policiales a “vaciar” la plaza y la calle, tirando gases lacrimógenos y reprimiendo a la ciudadanía. Al día siguiente, el 20, los espacios públicos del casco histórico de la ciudad de Buenos Aires fueron escenario de una sangrienta represión que dejó muertos, heridos y cientos de detenidos. Por la tarde, el presidente renunció a su cargo y se retiró de Casa Rosada en helicóptero hasta la residencia presidencial en Olivos. Así fue como el 19 y 20 evidenciaron la represión más violenta después de la caída de la dictadura militar y el regreso a la democracia en 1983.

El periodismo gráfico
Los reporteros gráficos argentinos estuvieron en la calle durante esos días de 2001 y fueron testigos de los eventos que sus cámaras capturaron. Parte de su producción gráfica fue divulgada inmediatamente por varios medios para difundir “las noticias” que primeramente sucedieron en el cordón del Gran Buenos Aires y en el centro de la ciudad porteña. Las imágenes captadas fueron de saqueos, enfrentamientos entre policías y civiles, repartos de comida, manifestaciones masivas, represión policial, el helicóptero presidencial en vuelo, la transformación del casco histórico en un campo de batalla, así como de muertos y heridos. Con el paso del tiempo —y en el espacio que otorga internet—, muchas de estas imágenes han sido reproducidas y posteadas ad infinitum en varias plataformas. En lo que sigue se analizará el rol cumplido por los reporteros gráficos, el sentido de la intervención urbana de la muestra callejera y la (re)mediatización de los acontecimientos memorables de 2001, esto es, de las protestas y su represión.

Los reporteros gráficos son fotógrafos callejeros no solo porque están en la calle cubriendo la acción, sino porque tienen que ser fuertes para sobrevivir y superar los peligros impuestos por la calle (Rose 18). Algunos de estos peligros impuestos por la calle porteña aquellos días, multiplicados por la policía federal, se materializaron en gases lacrimógenos, balas de goma, camiones hidrantes, barricadas, fuego, piedras y balas. Tal como recuerda el fotógrafo Marcelo Baiairdi, en el momento en que la policía comenzó a reprimir a las personas en la calle, la agresión fue dirigida tanto a los manifestantes como a los reporteros gráficos: “Éramos cuatro fotógrafos, tres fotógrafos y disparan como al piso, y ahí fue cuando yo sentí como una, …una quemazón en las piernas fuerte … me quemó algo, pero no sé qué…” (ARGRA 2016, 10:04-10:21). La valentía con la cual el fotógrafo supera los peligros, según Gillian Rose, es una cualidad necesaria para registrar algo que se revelará por sí mismo y que permite que la fotografía sea un instrumento de observación veraz, donde la especificidad del fotógrafo pierde importancia, ya que la imagen dialoga directamente con el público. El testimonio de otro fotógrafo, Enrique García Medina, evidencia la valentía con la que se enfrenta a los peligros de la calle y cómo el proceso de captar una imagen supera cualquier obstáculo:

Y en un momento venían avanzando los policías de infantería y uno me mira y se ríe […] y me apunta y me dispara. […] Suerte que me cubrió la cámara porque me pegó en la cámara, me pegó acá y en varios lugares. Y, ese mismo momento en vez de asustarme me dio más energía para seguir trabajando. No, no me asusté realmente. Me di vuelta e hice esa foto del piedrazo. Fue instantáneo. Después de ese segundo, me di vuelta, me agaché e hice “tac”. (ARGRA 2016, 10:22- 10:53)

La foto a la que se refiere García Medina retrata una de las diagonales del casco histórico de la ciudad de Buenos Aires transformada en un campo de batalla. En primer plano se ven desechos enardecidos y cenizas; luego, tres jóvenes con las caras semi-cubiertas (por sus camisetas) y con los torsos desnudos, y mientras el del medio arroja una piedra los otros a sus costados aguardan expectantes. En el fondo, detrás de la cortina de humo, se vislumbran siluetas de personas y del Obelisco. Como indicaba Rose, la audiencia no tiene información visual sobre la violencia que sufre el fotógrafo; sin embargo, la fotografía que toma revela por sí misma la violencia experimentada en la calle: aquella perpetrada por la policía y aquella evadida o enfrentada por los manifestantes. A pesar de que en primera instancia el ejercicio del fotógrafo puede ser avasallado por el contenido de la imagen, como en el caso de la foto de García Medina, la exhibición callejera, al incluir los nombres y apellidos de los autores, no solo saca a los fotógrafos del anonimato, sino que materializa su experiencia.

La agresión a la cual fueron sometidos los reporteros no fue solo porque estaban en la calle, sino porque estaban ejerciendo su profesión. El fotógrafo Alejandro Belvedere contó que estando en la calle “veía como […] la policía estaba, no quería imágenes y eso, me di cuenta de lo que estaba pasando, que estaban tratando de silenciar una vez más, no quería que se muestre lo que estaba sucediendo, ¿no?” (ARGRA 2016, 9:55-10:03). La represión, entonces, se dirigió contra ellos para que no hubiera registro visual alguno de la situación, ya que la fotografía, además de documentar, denuncia la violencia y la violación de los derechos humanos. Según la crítica estadounidense Susie Linfield, la relación estrecha que existe entre el fotoperiodismo y los derechos humanos es debida a que las imágenes que muestran sufrimiento no sólo dan testimonio de “[t]his is so”, sino que también denuncian “[t]his must not be”, y por sobre todo “[t]his must stop” (33). La fotografía periodística, entonces, visualiza el llamado de atención que interpela al público para que éste no sea cómplice del abuso retratado, y espera que esta concientización lleve a la reparación o la justicia. Volviendo al testimonio de Belvedere: el intento de la policía de impedir que hubiera documentación de los hechos no sólo apuntaba a que no hubiera conocimiento de lo que pasaba, sino también a la obstrucción de la creación de la memoria en torno a ellos. Después de todo, muchas de las fotografías fueron publicadas a horas de los hechos para informar la noticia y mostrar que “[t]his must not be” y por sobre todo que “[t]his must stop” (Linfield 33).

Las imágenes se convirtieron en testimonios gráficos, imágenes asociadas al proceso social que estaba en pleno desarrollo y a la forma en que se vivió dicho proceso. Por consiguiente, estas fotografías tienen una función importante respecto a la forma en que se recuerdan estos eventos hoy día. A veces la acción de recordar se asocia a la habilidad de visualizar una imagen que sintetice la historia detrás de ella. La imagen evocada, sin embargo, condiciona el recuerdo porque éste se nutre de la información visual transmitida. Lo que no se retrata y queda fuera del marco es lo que se omite y olvida. Es así como la mediatización de sucesos político-sociales en las imágenes proporciona información visual que sirve como marco que da forma a la memoria individual; y la exposición de las imágenes influye en la manera en que se conforma la memoria cultural.

La intervención urbana
En 2011, la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) realizó una intervención urbana al montar una exposición de fotografías de grandes dimensiones, que fueron tomadas durante el 19 y 20 de diciembre de 2001, en puntos del centro porteño donde sucedieron los hechos más trascendentales de aquellas jornadas violentas. A pesar de que se reunieron más de 1.500 fotografías para la intervención, solo alrededor de 70 “gigantografías” de varios autores formaron parte de la instalación que unió la Plaza de Mayo con la Plaza de Dos Congresos en un recorrido visual. Recordemos que según Pierre Nora un sitio de memoria, o lieux de mémoire, es “where memory crystallizes and secretes itself” (7). “Lieux de mémoire are simple and ambiguous, natural and artificial, at once immediately available in concrete sensual experience and susceptible to the most abstract elaboration” (18). A diferencia de los lugares de la memoria que Nora estudia y entre los que se encuentran monumentos y recintos conmemorativos avalados por los representantes del poder político, la exhibición bonarense de 2011 fue tan solo una conmemoración de varios días, erguida del 19 al 25 de diciembre de 2011, que le permitió al publico tener una experiencia sensorial en los lugares “where memory crystallizes and secretes itself”, y en la cual cada gigantografía representó un sitio de memoria efímero. Simbólicamente, la intervención se inauguró a las 19 horas y la jornada concluyó con la proyección de dos videos producidos por la ARGRA donde los reporteros gráficos daban sus testimonios de sus experiencias, que se reprodujeron parcialmente en el presente artículo. Si bien la instalación urbana duró seis días, las mismas imágenes, pero en otras dimensiones, se exhibieron después en el Palacio Nacional de las Artes, el Palais de Glace. Como extensión de la intervención urbana, en 2014, la ARGRA publicó el volumen titulado 19 y 20 Diez Años Fotoperiodismo en la calle, donde se yuxtaponen las imágenes perodísticas de 2001 con las fotografías tomadas durante la intervención callejera en 2011, que revelan el otro aspecto que me interesa destacar aquí, la interacción entre el público y las imágenes.

Además de las gigantografías, la exhibición callejera incluyó algunos textos en formato cartel que matizaron el ejercicio de la memoria propuesto por la ARGRA. Su título 19 y 20. A diez años, se complementó por el subtítulo del itinerario urbano, Fotoperiodismo en la calle. Los títulos provocaron procesos de rememoración, evocaron recuerdos de esos días y conmemoraron la labor de los reporteros gráficos que estuvieron en la calle cubriendo lo que pasaba. Entre los textos de la intervención urbana, uno encontraba la dedicatoria “A la memoria de los muertos por la represión” junto con los nombres y edades de las treinta y ocho personas que perecieron en esos días (ARGRA 2014). Otro cartel afirmaba: “Recordar quiere decir volver a pasar por el corazón”; puso así en evidencia el propósito de la intervención urbana, la rememoración y la conmemoración colectiva de los hechos que conformaron el proceso histórico y del protagonismo que la ciudadanía tuvo el 19 y 20 de diciembre (ARGRA 2014). Las imágenes que en la mayoría de los casos retrataban la represión policial, a los heridos y a los muertos, trajeron a colación uno de los principios del fotoperiodismo: denunciar la violencia y el sufrimiento porque, modificando las afirmaciones de Linfield, esto es lo que no debe volver a ser. En las palabras del reportero Daniel Castaño, la exhibición “genera una responsabilidad mayor para que hechos como los que sucedieron el 19/20 diciembre de 2001, no vuelvan a ocurrir” (TV Pública Argentina).


Figura 1. Foto de Damián Dopacio: montaje de la intervención callejera 19 y 20 Diez años Fotoperiodismo en la calle, en las rejas de la Casa Rosada. Fototeca ARGRA.

La intervención urbana también consistió en un recorrido físico para evocar así la memoria. El escenario donde se exhibieron las gigantografías fue el casco histórico de la ciudad, donde fueron tomadas (ver Figura 1). A diferencia de una muestra que se exhibe en un lugar cuyo propósito es la visualización de piezas de arte, como un museo, una galería o una sala de exposiciones, la bonarense de 2011 fue una intervención que abarcó los espacios urbanos donde las imágenes se habían producido diez años antes. A esto hay que agregar que los espacios privados son para un público selecto, un visitante ya informado, interesado y que paga el ingreso para ver una exhibición; en cambio, la intervención urbana estaba en la calle, sin discriminar a su audiencia según su poder adquisitivo, nivel de educación o conocimiento previo de la muestra. Así, los espacios urbanos fueron convertidos en agentes para recordar y mediatizar la memoria al hacer que los transeúntes que transitaban por calles e intersecciones donde habían ocurrido los acontecimientos, se enfrentaran ahora a las imágenes que plasmaban aquellas jornadas. No tenían como escapar de las gigantografías, a menos que tomaran un desvío; las fotografías materializaban el caos y la violencia del 19 y 20 de diciembre. El espacio urbano se convirtió en un detonador para activar la memoria, ya que tener que visitar de nuevo los espacios donde sucedieron aquellos eventos obligaba a recordarlos, o mejor, a re-experimentarlos. En palabras del teórico James Wertsch, la diferencia entre recordar y re-experimentar es que lo último “assumes that the individual or group merges with, or is a part of the past event. In its extreme form, this may be a way of representing the past that seems to involve no textual mediation at all, the result being that the distance between the observer and event dissolves. It is as if the individual is actually there, re-experiencing and participating in the event” (46). Para los espectadores que habían sido participes o habían vivido los eventos retratados, la conexión física con aquellos espacios en el presente incita a volver a experimentar lo vivido y a sumar sus recuerdos individuales a la memoria colectiva que convoca la exhibición.


Figura 2. Foto de Leonardo Vaca: montaje de la intervención callejera 19 y 20 Diez años fotoperiodismo en la calle, en las rejas de la Pirámide de Mayo. Fototeca ARGRA.

Pero ¿qué pasa con los que no vivieron esas jornadas en carne propia? La exhibición implicó una performance y una remediatización del medio de la fotografía en el de la gigantografía; contribuyó así a la creación y estabilización de la memoria cultural en torno a la represión de 2001. Posibilitó crear una experiencia con el medio más que con el pasado retratado en este (Erll y Rigney 5). Este punto se evidencia en las imágenes que documentaron la interacción entre el público y las gigantografías. En la figura 2 se observa a un joven que simula que “merges with, or is a part of the past event” (46), como decía Wertsch, sumándose físicamente a la multitud retratada en la gigantografía. Pero los manifestantes de esta imagen están en la plaza, antes de ser reprimidos por la policía montada, mientras que el joven sólo asume una pose similar a la de los retratados; actúa –performs – la re-experimentación del estar allí, “re-experiencing and participating in the event” (Wertsch 46). Esto añade una multiplicidad de sentidos —desde su aquí y ahora— a los acontecimientos registrados en la gigantografía (Wertsch 46). Por otro lado, la foto tomada por los espectadores documenta el momento de creación de una memoria mediatizada, pues se registra en el encuadre una mujer de espaldas tomando la foto de ese joven en el momento de su performance.

Otras imágenes de la intervención urbana retratan a familias que interactúan con las imágenes, las señalan mientras hablan con sus hijos, filman su experiencia allí o pasan de largo. Una fotografía retrata a turistas en bicicletas alquiladas que se paran enfrente de la Pirámide de Mayo y se encuentran con las gigantografías como parte de su itinerario turístico, donde, a diferencia de otros visitantes, tienen la oportunidad de interactuar con este sitio de memoria y crear sus propios recuerdos acerca del estallido social de 2001. Aquí se evidencian los dos tipos de memoria que mencionaba Maurice Halbwachs, la autobiográfica y la colectiva: los recuerdos que los integrantes de un grupo social tienen acerca de eventos históricos nutren el relato de un individuo; pueden referirse a fechas, personas o eventos importantes de los cuales un individuo tal vez no tiene recuerdos personales directos, pero sí se acuerda haber leído, oído o visto algo sobre estos sucesos (52). Por lo tanto, las imágenes logran transmitir, incluso, la memoria colectiva a personas ajenas a los eventos, que no los experimentaron directamente. Este también podría haber sido el caso para visitantes de otros puntos de la ciudad, o del país, que se encontraron con la evidencia física de los hechos de 2001 —las fotografías y los testimonios orales de los reporteros gráficos— y que por medio de su propia interacción con la intervención fotográfica potenciaron la memoria en el tiempo y el espacio.

Por último, cabe señalar que la intervención callejera dio cabida a la conmemoración individual y colectiva de los integrantes de diversos grupos políticos y contribuyeron a la creación de sitios de la memoria efímeros. La ubicación geográfica de un sitio de memoria, según Jay Winter, es un lugar donde se lleva a cabo un acto conmemorativo y donde la memoria transmitida de forma oral y el relato historiográfíco se apoyan mutuamente (Winter 316). Esta interacción permite que las microesferas (recuerdos familiares / personales) interactúen con la macro-esfera (nacional /oficial / e historiográfica). Los sitios de memoria por sobre todo son lugares donde se ensaya la política local y nacional. Por ejemplo, grupos sociales o políticos que no están muy representados en la esfera nacional, pueden usar un sitio de memoria para legitimar su origen o apropiarse de este para divulgar alguna causa (Winter 316).


Figura 3. Autor anónimo: AR-ARGRA-FI-M19Y20-2-08. Fototeca ARGRA.

En la Figura 3, el grafiti hecho sobre la gigantografía rinde homenaje a los que resistieron la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001. Dice “Gracias Compas”. Otros dos grafitis se plasmaron en la imagen: “Kirchner/De la Rúa/la lucha/continúa”; y “Seguimos luchando/por el/Socialismo”. La gigantografía se convierte así en un sitio donde se inscriben los recuerdos recientes de un grupo socialista (cuya afiliación se desconoce) que se apropia de esta forma de la imagen que retrata el enfrentamiento de 2001, con el fin de reivindicar el protagonismo de ese grupo en los eventos representados. A su vez, el otro grafiti declara que las políticas kirchneristas, consideradas una continuación de las de De la Rúa, legitiman el accionar opositor de la izquierda socialista, cuyos ideales están plasmados en la lucha insurreccional del 19 y 20 de diciembre.

De forma similar, el grafiti hecho sobre la imagen de la Figura 4, usa la heráldica socialista y la firma de la organización J.C.R. (Junta de Coordinación Revolucionaria), la cual así se apropia de la memoria acerca de esos días. La iconografía de la hoz y el martillo se plasman sobre el retrato de la gente que protesta y agita banderas argentinas, mientras que en primera plana un hombre vestido de traje agita el brazo derecho en el aire. La imagen como tal no informa sobre la afiliación o ideología de los retratados de los retratados ni tampoco sobre el tipo de trabajo que ejercen o el estrato de la sociedad al que pertenecen.


Figura 4. Autor anónimo: AR-ARGRA-FI-M19Y20-2-15. Fototeca ARGRA.

Sin embargo, la J.C.R., cuyas siglas aparecen como grafiti sobre la fotografía, es una organización que une a organizaciones político-militares de tendencia comunista de algunos países de América del Sur (Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia).

Conclusiones y tareas futuras
En las jornadas históricas de finales de 2001, los periodistas gráficos utilizaron su herramienta de trabajo —la cámara fotográfica— para captar lo que sucedía en las calles porteñas y así documentar, denunciar y divulgar conocimiento de eventos que debían parar (cf. Linfield). La mediatización de los testimonios de los reporteros gráficos (compilados en el video de la exhibición) y las imágenes testigo sirvieron para crear sitios de memoria efímeros en un circuito de 70 imágenes que unieron puntos clave del casco histórico de la ciudad de Buenos Aires. La intervención de 2011, realizada por ARGRA, fue, en palabras de Diana Taylor, una performance porque transmitió, a diez años de los hechos, la memoria traumática de lo que vivió un grupo de la población a otro y desde un contexto nacional interpeló al público local e internacional que no vivió la protesta y represión de primera mano (152). La intervención urbana utilizó a la ciudad como el agente que estimuló la rememoración y conmemoración, ya que las gigantografías fueron sitios de la memoria, al ser exhibidas en los espacios donde fueron originalmente tomadas, brindándole al público la posibilidad de interactuar con el espacio, el medio y lo representado en las gigantografías. Estos artefactos cumplieron varias funciones: fomentaron la construcción de la memoria cultural, la reexperimentación de los sucesos de 2001; la remediatización de las fotografías tomadas diez años antes y la experiencia del medio. Además posibilitaron que vía la performance y la interacción con las imágenes se activara la memoria en torno a las experiencias pasadas. Los sitios de la memoria efímeros también fueron manipulados gráficamente por individuos o grupos sociales que se apropiaron de dichas imágenes de diversas maneras. La ARGRA no solo intervino la ciudad al reunir testimonios e imágenes, sino que interpeló al público para que este sea custodio de la memoria y forme parte de la rememoración colectiva.7

En julio del 2018, mientras hacía un estudio etnográfico en diversas provincias argentinas sobre la música de los años 90, muchos de los participantes referían a estas imágenes para asociar tanto su experiencia como su memoria individual al gran tejido que conforma la memoria cultural. Para varios de estos participantes, muchas de las imágenes que formaron parte de la intervención urbana de la ARGRA eran encuadres de sus recuerdos al haber visto imágenes similares en los noticieros televisivos o en portadas de diarios. Por consiguiente, la investigación y el análisis de la recepción de dichas imágenes, más allá del contexto de su exhibición urbana, permitiría valorar cómo condicionan u omiten lo que se recuerda del proceso histórico. Del mismo modo, sería importante investigar la constante re-mediatización de las imágenes, ya que diferentes organizaciones las siguen posteando en plataformas de internet y en blogs personales,8 o siguen siendo apropiadas por entidades políticas9 y grupos sociales,10 así como utilizadas en causas judiciales.11 Por último, queda por ver el uso que le dará ARGRA a las gigantografías y otras imágenes tomadas de la intervención urbana cuando se celebre el vigésimo aniversario del 19 y 20 de 2001.

Obras citadas
Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA). 19 y 20 Diez Años Fotoperiodismo en la calle. 19–25 diciembre 2011, Buenos Aires: ARGRA Ediciones, 2014.

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Wertsch, James V. “Collective Memory: A Term in Search of a Meaning.” Voices of Collective Remembering. Cambridge: Cambridge UP, 2002.

Winter, Jay. “Sites of Memory.” Memory: Histories, Theories, Debates. Eds. Susannah Radstone and Bill Schwarz. New York: Fordham UP, 2010, pp. 312-324.

Wischñevsky, Sergio. “La gran deudora del sud”. Página/12, 30 de junio de 2014, https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-249712-2014-06-30.html. Consultado 29 de marzo de 2018.

Notas
1 Estos fueron algunos de los titulares el 20 de diciembre de 2001, de los siguientes diarios: Buenos Aires Económico, Pagina/12, y Diario ámbito financiero.

2 Mónica Gordillo se refiere al “argentinazo” como el fin de un ciclo de protestas que se denominaron “—azos”. Por ejemplo, “santiagazo” o “santiagueñazo”, “correntinazo” entre otras. En “Los cambios…” y “Relational Riot”, Javier Auyero analiza los cambios en la protesta bajo la lente de “actos de beligerancia popular” de Charles Tilly para descifrar los mecanismos que condujeron a las nuevas formas de protesta que surgieron de estos “—azos”.

3 Para más información consultar Contentious Lives de Javier Auyero.

4 Sobre cómo afectaron estas políticas a las diferentes provincias, consultar Gordillo pp. 31-44.

5 Por ejemplo, en 1993, en la provincia de Santiago del Estero los dirigentes locales estuvieron involucrados en la malversación de fondos públicos que estaban destinados para el tratamiento del agua y, por ello, parte de la población no tuvo acceso a agua potable. Sobre otros escándalos que surgieron en Santiago del Estero ver “Relational Riot” de Javier Auyero.

6 Paul Blustein hace un detallado recuento de la historia económica en And the Money Kept Rolling In (And Out): Wall Street, the IMF, and the Bankrupting of Argentina.

7 Marc Augé señala que los sobrevivientes de eventos traumáticos no tienen el deber de recordar (duty to remember) lo que vivieron, ya que su propia existencia es evidencia de esto. Según él, los sobrevivientes tienen el deber de olvidar (duty to forget) para poder seguir adelante con sus vidas y los que no vivieron los eventos de primera mano son los que tienen el deber de memoria y de custodiar las memorias de los sobrevivientes. Consultar Oblivion para más información.

8 Este es el caso de blogs como: “La Historia del Día” (www.lahistoriadeldiablog.wordpress.com); y “El blog de Abel. Pensando en voz alta” (abelfer.wordpress.com).

9 Algunos ejemplos son el uso de las imágenes por entidades políticas como “La Campora” (lacampora.org) y “NAC & POP” (nacionalypopular.com). Se utilizan las imágenes de reporteros gráficos sin darles créditos de su autoría. Las imágenes sirven para ilustrar los eventos y conmemorar a los muertos por la represión, pero la retórica en estos sitios tiene un fin político claro que se apropia de la imagen para su propia causa. Hacen un llamado al patriotismo y a la unión al “Movimiento Nacional, tal como nos lo legaran, Perón, Evita y todos los miembros del Comando celestial”. Ver http://nacionalypopular.com/2008/12/19/lista-de-caidos-en-defensa-del-pueblo-y-de-la-patria-del-19-y-20-de-diciembre-de-2001/

10 Por ejemplo, se divulgaron estas imágenes en el “Colectivo Ex Presos Políticos y Sobrevivientes-Rosario” con el fin de responsabilizar a la cúpula de la Policía Federal por la represión y las muertes de esos días (colectivoepprosario.blogspot.com/2016/05/diciembre-tragico-condenaron-al-ex.html).

11 Para más información ver: www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-240464-2014-02-24.html.