Reseña de Montoya Juárez, Jesús. Mario Levrero para amar. Jorge Varlotta y el libertinaje imaginativo. Montevideo: Trilce, 2013. 143 pgs.

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Matthew J. Barrile
The Ohio State University

Libertinaje imaginativo, écfrasis y fractalidad son los conceptos teóricos que maneja Jesús Montoya Juárez en su libro, Mario Levrero para amar. Jorge Varlotta y el libertinaje imaginativo (2013). El investigador provee un estudio de las producciones literarias Los muertos (1986), París (1979), y Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agoniz­o (1974) de Jorge Mario Varlotta Levrero (Montevideo, 1940-Montevideo, 2004), autor uruguayo quizás más reconocido bajo el pseudónimo Mario Levrero. Levrero es un autor poco estudiado pero de suma importancia, y según Montoya Juárez, Levrero "no solo concentra lo mejor de la literatura imaginativa de fines de los sesenta en Uruguay sino que anticipa —ya desde sus primeras obras— algunos caminos actuales de la literatura en lengua española" (132). Sobre todo, lo que quiere alcanzar Montoya Juárez es llevar a cabo un análisis de diferentes textos levrerianos concentrándose en su estructura “écfrastica”, es decir, en la construcción e integración narrativa de imágenes visuales-verbales. De tal modo, es el suyo tanto un estudio visual como verbal, pues la écfrasis como lente analítica resulta en descripciones del fenómeno de una subjetividad constantemente fragmentada. Indagando en la borrosidad entre lo supuestamente real y lo onírico, explica que no hay divisiones claras entre el yo interior y las influencias externas. En otras palabras, muestra imágenes de una subjetividad angustiada, incierta y ambigua, pues para Levrero, dice el crítico, la subjetividad es una fuente de desasosiego y perturbación, siempre en cuestionamiento.

Montoya Juárez divide su obra en ocho capítulos. El primero es una breve biografía; los siguientes tres resumen la recepción crítica de la obra levreriana y presentan los términos analíticos que usa el investigador; los últimos cuatro componen el análisis crítico propiamente dicho de los textos levrerianos. La incorporación de una biografía es importante, pues, además de no existir biografías oficiales de Levrero, según el entender de Montoya Juárez no se puede juzgar la riqueza estética del estilo narrativo levreriano sin tomar en cuenta la materia biográfica que "seduce" que lo nutre (13). El investigador ofrece un resumen de varias entrevistas —dice haber entrevistado a veintitrés individuos para llenar los huecos— con el propósito de describir la vida, la personalidad y la forma de ser de Levrero, lo que resulta en una breve descripción del autor uruguayo basada en las palabras de personas que lo conocían o lo habían entrevistado durante su carrera literaria.

En su análisis crítico, Montoya Juárez primero les ofrece a sus lectores una definición de lo que son la écfrasis y el libertinaje imaginativo, éste siendo un término usado por el crítico Ángel Rama que Montoya Juárez incorpora a su propia lente analítica. Los términos van juntos, y se entiende que refieren a lo onírico, lo supuestamente real, la (sub)consciencia, el «yo» interior y las influencias externas. Todo ello produce una subjetividad marcada por la incertidumbre y la fragmentación, de ahí que los personajes levrerianos muestren una perspectiva existencial que el investigador denomina "un viaje incesante e inútil" (68). La exploración de todos estos temas resulta en una nueva conceptualización de la literatura que rompe los modelos anteriores —notablemente el realismo y el neorrealismo— y mezcla lo verbal y lo visual con influencias surrealistas (61-63). Por esto, Montoya Juárez incorpora el término de “libertinaje” en su estudio porque entiende el trabajo levreriano como un opus ilimitado que parte de una tradición artística y experimental que comprende el surrealismo de Kafka y de Cortázar. De cualquier manera, Levrero es un autor cuyas producciones imaginativas desafían las categorías existentes, por lo cual Montoya Juárez aclara que los paradigmas establecidos no sirven para definir la literatura levreriana (74-75). A fin de cuentas, su obra expresa una radicalidad que ha contribuido a la transformación de la literatura en lengua española.

Montoya Juárez divide el resto del libro según las obras que examina: Los muertos, París, y Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo. Se entiende esta organización en el hecho de que algunos capítulos son versiones de ensayos anteriormente publicados, como es el caso de los capítulos "Narraciones a base de imágenes: una lectura de los muertos" e "Imágenes fractales en París", por ejemplo. Esta organización tiene sentido y utilidad —ciertamente el análisis de cada texto de manera individual es rico y hasta alucinante— pero al terminar el libro el lector se pregunta si no habría sido más productivo organizar el estudio por temas en vez de obras. Pues hay un constante solapamiento entre las obras levrerianas, que se relacionan entre sí y sus temas se entretejen. Aunque cada capítulo profundiza sobre los temas de la écfrasis, la fractalidad y las consecuentes incertidumbres de la subjetividad siguiendo matices sutiles, hay una cierta redundancia en el análisis. De ahí que la organización escogida, aunque clara en sí, quizá no sea la más apta para hacer hincapié en el llamado libertinaje imaginativo levreriano.

A lo largo del estudio aparecen numerosas menciones a críticos teóricos posmodernos, lo cual demuestra el conocimiento profundo e intelectual de Montoya Juárez en ese campo, y nos orienta en cuanto a su enfoque crítico. Esto indica el desarrollo sólido e investigado de sus tesis. Al analizar el estilo narrativo de París, por ejemplo, escribe: "El texto desmonta en este sentido cualquier esquema anclado en la idea de centro, que como señalara Derrida, no está en ninguno de los puntos de la estructura, planteando una ficción que, con Deleuze, podemos afirmar rizomática" (102-03). Estos suportes teóricos construyen un análisis profundo de las aportaciones levrerianas a la literatura en español. En este sentido, el trabajo del investigador es especializado y dirigido hacia una recepción académica y literaria. Con este libro el lector tiene acceso a un mundo literario profundamente examinado.

Lo que Montoya Juárez cumple es, a fin de cuentas, un trabajo erudito sobre un autor también erudito, novedoso y poco estudiado, cuyo trabajo ha contribuido a innovaciones literarias en la última mitad del siglo XX. El trabajo del crítico es conciso y bien escrito, y demuestra su concepción de la obra levreriana como una totalidad —la vida de Levrero, sus producciones literarias y las intersecciones e intercambios entre las obras individuales. Al concluir, Montoya Juárez declara la importancia del trabajo que acaba de realizar y dice que "[e]n el canon de la literatura en español de los últimos cuarenta años Levrero ha sido un gigante oculto, un imán que ha ido ejerciendo una cada vez mayor fuerza atractiva. Su narrativa ha ido seduciendo viralmente a más lectores cada vez, dejando de ser un secreto, definitivamente y —a mi modo de ver— por suerte" (132). Si lo que dice Montoya Juárez es cierto —que se va descubriendo la literatura levreriana cada vez más— entonces su trabajo participa en este proceso de descubrimiento, excavamiento y deslumbramiento ante una obra difícil y de difícil clasificación. Para muchos académicos cuyos intereses incluyen las letras contemporáneas latinoamericanas, la literatura posmoderna, la producción literaria en lengua española, o una intersección de todas estas categorías, este estudio sobre Levrero puede resultar imprescindible.