De la penuria del desplazamiento forzado a la formación de una subjetividad de retales

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Ivana Belén Ruiz-Estramil
Universidad del País Vasco

En el presente artículo se tratará de abordar el desplazamiento forzado, atendiendo al modo como los individuos que han pasado por esta experiencia reconstruyen su mundo de vida. Interesa aquí ver la manera en la que se produce subjetividad tras un fenómeno de desestructuración en donde no solo la descontextualización física juega su papel, sino también la descontextualización simbólica de un individuo que, además de encontrarse en una sociedad distinta de la de origen, descubre que el propio hecho de estar allí representa un quiebre con el proyecto de vida que esperaba para sí. Siguiendo estas pautas, se hace hincapié en la destrucción del proyecto vital, en el proceso de reconocimiento al que queda sujeto el individuo desplazado y a los anhelos con los que ha de convivir. Todo esto servirá como base analítica para ahondar en la hipótesis de que el tipo de subjetividad que construyen estos individuos, que daremos en llamar una subjetividad de retales, es cada vez más aplicable a un mayor número de personas, no necesariamente desplazadas, los que nos indica que el nuevo tipo de sociedad en la que vivimos continuará produciendo cada vez más retales y exigiendo que nos reconozcamos en ellos.

Palabras clave: desplazamiento forzado – subjetividad – mundo de  vida – desestructuración 


Introducción
En este artículo se tratará de abordar la difícil situación de vivir en un escenario distinto al de origen, con una particularidad añadida que es la de haber estado obligado a salir del territorio por conflictos políticos. Desde Colombia hasta el Sáhara Occidental, pasando por Palestina, nos encontramos con las dificultades de adaptación al nuevo espacio de acogida, y quizás algo que en estos casos de desplazamiento forzado parece ser un lugar común, el “¿Por qué?”, “¿Cómo he llegado a este punto?”, “¿Qué voy a hacer ahora con el proyecto de vida que tenía?” Estas preguntas difícilmente encuentran respuesta en la sociedad de destino en donde no solo el entorno socio-cultural es diferente, sino que además el individuo deviene también un ser diferente.

Se habla de escenario de origen y no de país de origen, para ser justos con el caso colombiano en donde la población desplazada campesina e indígena llega a grandes ciudades de la propia Colombia, en donde su contacto con ese “otro”, produce una sensación de extrañeza tan grande como si se estuviera en un lejano país, sentimiento que es extrapolable a otros desplazamientos forzados internos. La organización social, el bagaje cultural, el apego al entorno, entre muchas otras cosas, se van a ver contrapuestas a un conjunto identificado como “selva de cemento” —tal y como decía una de las entrevistadas, líder indígena—  un lugar identificado como ajeno, para el que no se ha sido socializado, siendo precisamente este hecho el que despierta la mayor extrañeza respecto al entorno, aunque, como veremos, no es solo eso lo que provoca el sentimiento de desencaje en los desplazados.

El discurrir subjetivo de una persona desplazada forzada es desde luego un lugar de fuertes luchas internas, sentimientos de pérdidas tan fuertes (familia, hogar, o algo que a menudo nos parece tan banal como el paisaje) que provocan en el individuo la sensación de estar perdido. Esta será la primera de nuestras paradas analíticas: el sentimiento de pérdida al ser desplazado. Nos apearemos en un segundo momento en el espacio de acogida, en el modo en el que se intenta reconstruir subjetividades, entre el sentimiento de pérdida y la obligación de las nuevas circunstancias. Nos atreveremos incluso aquí a dibujar algunas líneas sobre la situación en el retorno, la manera en la que se reacomoda culturalmente el individuo que ha sido desplazado en el caso de un posible retorno, aunque esto solo represente un vago intento de despertar posibles hipótesis. Por último, nos lanzaremos al análisis de una nueva forma de estar en el mundo, que queda claramente dibujada en el desplazamiento forzado. Esa amalgama cultural coetánea de un constante sentimiento de pérdida que se re-simboliza cada vez que se le invoca. Nueva forma de estar en el mundo que no solo habita ya un espacio, sino múltiples, muestra de ello es su biografía y sobre todo la huella que ésta deja en su presente.

Desplazamiento forzado como sentimiento de pérdida
El desplazamiento forzado, concebido bajo la definición de:

Personas que han sido obligadas a huir de sus hogares repentinamente o inesperadamente en gran número, como resultado de un conflicto armado, disensiones internas, violaciones sistemáticas de los derechos humanos o desastres naturales o provocados por el hombre. (Ponte Iglesias, M.T. 2000 241)1

Esa obligatoriedad en el abandono del espacio de residencia, sitúa la cifra de desplazados en el 2013 en un total de 45,2 millones de personas en todo el mundo (CEAR 2014 21). 45,2 millones de personas —cifra presumiblemente más alta en el contexto de conflictividad actual— alejadas de su hábitat. Ese estar fuera se convierte aquí en la desterritorialización de toda una vida que se ha construido en un espacio que se consideraba estable y permanente. De repente, todas las posibilidades que brindaba el territorio quedan imposibilitadas, se aterriza en un nuevo espacio que de entrada ya no se considera como propio, no se tiene una historia, ni de él ni en él, no existe una identificación con el mismo, todo lo que eres y lo que traes contigo parece no encajar: “donde tú eres alguien es en tu país”, decía uno de los entrevistados. Esta frase, que puede tener muchas interpretaciones, desde lo legal en el reconocimiento de una nacionalidad, hasta en lo sentimental en donde el individuo puede reconocerse como un agente capaz de actuar, nos lleva aquí a reparar en ese “ser alguien” completo, sin sentimiento de pérdida y sin sentirse perdido.

El espacio que se habitaba se recuerda como el entorno ideal, y en el fondo lo es, por representar el entramado perfecto entre el territorio, la historia heredada y vivida en el mismo y el reconocimiento, la identificación en el mismo, un constructo aparentemente perfecto, el de la identidad moderna (Gatti 2008), pero el desplazamiento forzado lo quiebra, imposibilitando esos tres enclaves, de ahí el paso posterior a la idealización, constitutiva de la memoria que dota de sentido al intento de reconstrucción subjetiva tras el desplazamiento forzado.

Muchas frases de las entrevistas citadas en este trabajo2 nos llevan a ahondar en el sentimiento de pérdida en cuanto a las posibilidades de vida que reconocían en su entorno, a la adecuación entre todo ese ser que se había construido alrededor del mundo de vida habitado (no solo físico sino también simbólico y cultural):

Sus prácticas, por ejemplo las practicas agropecuarias, que es lo que identifica a al ser campesino, eh…, digamos llámese indígena, afro, mestizo, que está en relación con la tierra, con el territorio, la caza, la pesca por ejemplo, eh…, la siembra, el pancoger, eso ya no lo pueden realizar en, en, en, una ciudad donde, donde todo ha sido transformado, la, o sea la selva,  o el campo, la, las, colinas, los valles, las montañas, tú encuentras selvas de cemento, urbanizaciones, y territorios limitados en la urbanidad ¿no?, entonces eh…, se empieza a perder… esas prácticas y esas costumbres que identifican a estas poblaciones, pero también se pierde el sentido comunitario…, el sentido de encuentro, que en sus…, en sus prácticas y costumbres… (E.1 Asilado temporal, Colombia)

Al sentimiento de estar perdidos, desestructurados, el no reconocer sus normas sociales, su cultura, su propio ser en el nuevo contexto: “Lo que ellos son el territorio, nadie lo es fuera del territorio” (E.1 Asilado temporal, Colombia). Nuevo contexto que en este caso no solo demarca diferencias culturales, sino que viene también acompañado de un proceso de reconocimiento de su situación como desplazados forzados, es decir una categorización exterior que les obligará a reconocerse en una subjetividad basada en la imposibilidad de su ser previo. Hay una transformación del “yo pertenezco a…” a un “éramos de…”, “carecemos de…”, salto abismal en términos significativos, ya que el individuo ha de construir su nuevo ser en base a “retales”. La idealización de lo que se era, las permanencias, que se conservan aunque se hayan convertido en santuarios de memoria, prueba de que había otro ser antes del “desplazado” y, como no, el ser consciente de haberse convertido en un ser precario, “carente de…”, en este caso de un territorio que les reconozca como propios.

El desplazamiento forzado actúa como un dispositivo que fractura los supuestos de la identidad moderna trasladando al individuo al espacio de la transitoriedad:

…el saber que estás en un estado transitorio, pero no se sabe transitorio porque llevamos cuarenta años casi, la mitad de… ¿pero la mitad de qué, cuantos años tenemos que esperar, cuánto tiene que pasar? (E.2 Solicitante de apatrídia, Sáhara Occidental)

Obligado a dar muestras de su precariedad actual, el ya no ser lo que se era, y desde ahí, construir su nuevo mundo de vida. Ese sentimiento de pérdida es parte constitutiva de su nuevo ser, es lo que da fe de ser un desplazado forzado. La resistencia a esta pérdida, al menos en el espacio que se pretende dominar, el de las señas culturales, se convierte quizás en la trinchera más disputada. Esas señas culturales son el salvavidas identificativo de que hubo vida antes del desplazamiento, y como tal se le protege:

Algunos otros jóvenes, adolescentes, sí, sí perdieron un poco su identidad en el sentido de que es toda la…, la…, contaminación auditiva y visual del consumo la que se ofrece en estos espacios, modas, lenguajes, eh… indumentaria, ¿no? (E.1  Asilado temporal, Colombia)

Para que un árbol crezca, es importante la raíz, pero más importante aún han sido las semillas, y como tal parece contemplarse a las nuevas generaciones, nacidas tan a menudo en el exilio, fuera del hogar de sus padres. Esto está muy presente en las generaciones desplazadas, porque en buena manera el olvido de ese entorno previo es olvidar la base de la transitoriedad habitada. Lo mismo acontece con la experiencia del desplazamiento, existe una necesidad de recordar, de incorporarlo como relato a las nuevas generaciones, esta es una manera de dar coherencia a la biografía vivida, y al camino que ha desembocado en el estado de desplazamiento actual, pero al mismo tiempo, el no olvidar es una forma de que las futuras generaciones establezcan una relación con el pasado desajustado de sus antepasados, y más aún, con aquello que algún día fue seguro, aunque ya no lo sea:

Prohibido olvidar… ¿Por qué? Por varias razones que tienen que ver con el problema de la constitución de la identidad tanto colectiva como personal. Para mantener la identidad (…) para mantenerla a lo largo del tiempo e incluso contra el tiempo y su poder “destructor”. No debemos olvidar, en primer lugar, para resistir el arruinamiento universal que amenaza a las huellas dejadas por los acontecimientos. Para conservar las raíces de la identidad y mantener la dialéctica de la tradición y de la innovación, hay que tratar de salvar las huellas. (Ricoeur 1998 40)

El desplazamiento forzado como sentimiento de pérdida da cuenta del fuerte impacto que este fenómeno tiene en la vida de quienes lo experimentan, y más aún, de las segundas generaciones, incluso en la sociedad de acogida si mirásemos a las legislaciones que pone en marcha. El desplazamiento forzado descontextualiza al individuo y a las normas culturales de las que se valía para desarrollar la vida en su entorno, y esta descontextualización no prevista3, que actúa a varios niveles (tanto física como simbólicamente), es la que lleva a despertar en el individuo la sensación de desencaje, que acarreará en la mayoría de los casos en el espacio de acogida.

El espacio de acogida: hacia una nueva subjetividad
El espacio de acogida se presenta ante todo como impuesto, a pesar de que se haya podido escoger. El carácter impuesto de este destino viene por el no haberse planeado la salida del origen, está marcado por el motivo que dio como resultado el desplazamiento forzado, acontecimientos que representan una fractura entre lo que se esperaba en el proyecto vital y lo que las circunstancias anteponen. Un quiebre que desemboca en aquello que nos recordaba Jelin:

La relación entre pasado y futuro varía según el punto presente en la línea cronológica del tiempo. Hay diferentes futuros: el “futuro presente” del día de hoy, que es el “presente futuro” del día de mañana. Y también el “futuro pasado”, lo que ayer se vislumbraba como futuro. Pues bien, el desdibujamiento del futuro presente tiene que ver con el futuro pasado. Hay una “memoria del futuro” —la memoria de “lo que pudo haber sido”— que condiciona las expectativas del futuro presente. (2006 36)

Ese quiebre de las expectativas que se tenían para el futuro es en buena parte el causante de ese desajuste con la realidad que se vive, es el sentimiento de desasosiego, de incertidumbre, ¿sobre qué hacer planes si estos se pueden destruir de la noche a la mañana? ¿A qué puedo aferrarme? Estas preguntas bien pueden ser válidas para una gran parte de la población, no precisamente desplazados forzados, pero por medio del estudio de estos podremos dibujar algunas líneas sobre las nuevas formas en las que se puede ir construyendo subjetividades.

Ese lugar de destino provoca la misma extrañeza que en cualquier inmigrante puede provocar, al menos en el terreno de lo relativo a las diferencias culturales, o incluso esos usos y costumbres en los que ni siquiera reparamos hasta que no somos conscientes de que no son tan universales como creíamos. Pero el colectivo que aquí se trata experimenta también una relación particular con esa sociedad de destino, que podríamos ilustrar a través de unas cuantas palabras clave: desajuste individual, reconocimiento y anhelo.

Desajuste individual, porque el proceso vivido trae consigo esa sensación de estar perdido de la que hablábamos antes, con un impacto vital de tal índole que ni siquiera el retorno daría lugar a una vuelta atrás como si nada hubiera acontecido. Esta huella es tan fuerte que en el caso de algunos retornos podemos ver esas señas:

…las casas de la memoria, la manera cómo han trascendido del dolor a la esperanza. ¿Qué es una casa de la memoria? Es un espacio donde se evoca la vida de las personas que fueron arrebatadas por esta política criminal, y no son espacios… para el dolor, sino al contrario, para evocar la vida, y para decir que hay que exigir que nunca más estos hechos se repitan, ni en Colombia, ni en el mundo ¿sí? (E.1 Asilado temporal, Colombia)

Y no solo del desplazamiento forzado, sino que también persiste la huella de la sociedad de destino tras el desplazamiento, la incorporación en los códigos del “otro”, la manera en la que han de presentarse al mundo para ser reconocidos. Miremos por ejemplo el caso del territorio como espacio físico; en este caso se puede ver cómo se transforma la manera de interpretar el territorio; señalemos dos momentos. Momento 1:

Ellos se ubican por mojones, ¿Qué es un mojón?, una señal, es…, es bonito ¿no? Cómo delimitan, eh…, -mi vecino va de este palo de aguacate, por el norte, va desde el palo de aguacate a este palo de naranja, [aja] y por el sur va de ese palo de naranja hasta… la de plátano de no sé qué y por el, por el oriente va a la orilla del río- dicen ellos [aja], cien metros o doscientos metros- dicen ellos, esas son las delimitaciones de ellos. (E.1 Asilado temporal, Colombia)

Tras la intervención, momento 2:

Se corrieron doscientos metros, y aquí puedes ver [señalando imágenes del libro] alambres, de púas, los cerraron…, y empezaron a colocarles estos letreros ”zona humanitaria”. En otros espacios diría “prohibido el ingreso de actores armados”, ”comunidades negras, amparadas por la ley 70, con unos principios, verdad, justicia, ta…”, bien visibilizado ¿no?, y claro aquí no podía entrar nadie, que esto lo pueden cortar, claro que lo pueden cortar, pero… [dando unos golpecitos en la mesa] ha funcionado. Esto es, para decirte, que ellos… la ley 70 les confiere un título colectivo a las comunidades negras. (E.1 Asilado temporal, Colombia)

También así, la manera en la que se reivindica una nueva normalidad en la zona, una necesidad de vivir en ella, y una justificación sobre su pertinencia, se hace en estos términos:

En este momento ellos están recuperándolas [las zonas antes del desplazamiento forzado habitadas por población indígena], bajo la figura de zonas de biodiversidad, ¿en qué consiste? En la recuperación del territorio, recuperación del territorio, tanto espacial, como volviéndole a dar vida. (E.1 Asilado temporal, Colombia)

Este ejemplo nos puede servir para ilustrar como se introducen los códigos de reconocimiento que la sociedad de acogida ha dado como válidos, los desplazados forzados han entrado en contacto con esos códigos, y han constatado la necesidad de valerse de ellos para poder acceder al espacio del que fueron desplazados, tal y como nos diría Vidal:

El dispositivo opera de manera completa cuando las comunidades desplazadas son educadas, inducidas, obligadas, orientadas a usar el lenguaje de los derechos como el mecanismo privilegiado para sus reivindicaciones, de manera que termina por identificar sus aspiraciones y demandas con la oferta estatal limitada en el Derecho. (2007 217)

Y el asunto no sólo se refiere a los posibles retornos, sino también en el día a día, ya que el individuo ha de presentar pruebas de ser ese individuo exteriormente delimitado e identificado como desplazado forzado y por tanto reconocido tan solo dentro de esta categoría:

A través de mi trabajo de campo en Bogotá, constantemente me di cuenta de cómo estas personas son forzadas a entrar en un juego de “verdad” y “falsedad” para demostrar que eran auténticas PID [personas internamente desplazadas]. Llevan consigo sus documentos para decir la “verdad” sobre su condición. (Aparicio 2010 36)

Estas pruebas que tiene que presentar el individuo son las garantías para poder obtener su sustento, es decir, esa identificación externa como un ser “carente de…”, es lo que le garantiza su supervivencia física. El mismo autor nos comenta en otra ocasión: “El que un desplazado interno disponga de un certificado no sólo implica que el Estado lo reconozca como tal, sino también la posibilidad básica y teórica de recibir los kits humanitarios necesarios para su supervivencia en la ciudad” (2012 137).

Desde otro punto de vista, se puede ver también cómo determinada manera de actuar sobre el desplazamiento forzado puede convertirse en una forma viable de extender determinadas normas y legislaciones sociales, es decir, puede convertirse en una nueva forma de colonialismo, aunque esto sería objeto de otro trabajo y no tiene cabida en esta ocasión.

Hablamos de reconocimiento en la sociedad de destino, que se dará fundamentalmente en su condición de desplazado: esta será la característica primordial sobre la que esa sociedad se encargará de identificarlo. Además, el individuo se ve abocado a reivindicar este reconocimiento, a identificarse dentro de él, ya que es el único modo mediante el cual puede garantizar su sustento. En el juego del reconocimiento el individuo tiene que reconocerse en el propio elemento que imposibilita su ser previo, tiene que concebirse como un ser carenciado, aunque ese no sea su sentir:

…intento vincular este documento con lo que yo sé, con lo que hasta ahora ha pasado mi familia, (…) y yo no concibo relacionar este documento, con lo que está, estaba aconteciendo en el setenta y cinco con mi familia, así que este documento es una farsa, esto es una payasada. (E.5 Solicitante de apatrídia, Sáhara Occidental)

Este espacio de la nueva subjetividad será también el escenario en el que se ha de preservar la memoria, las señas que recuerdan lo que había antes del desplazamiento y que marcarán el terreno para las segundas generaciones. Hablamos del espacio de acogida como el sustrato sobre el que se irá fraguando un sentimiento de anhelos sustentados sobre el pasado y la idealización de la vida previa al desplazamiento pero proyectados hacia un futuro incierto, todo ello en un presente que parece haberse congelado para esas personas que esperan desesperadamente la hora de acabar con su sentimiento de incertidumbre.

El anhelo se convierte en el compañero de estancia de los desplazados forzados en la sociedad de acogida, y es que todo les lleva a plantearse ¿por qué a nosotros? Y los porqués, desde los ya planteados en la más tierna infancia, han constituido siempre complicadas respuestas. En este caso, la fractura del proyecto vital por el hecho de haber sido expulsados de su territorio desencadena una sucesión de cuestionamientos internos que forman parte también del nuevo tipo de subjetividad que el individuo desplazado está abocado a construir. Esa subjetividad que ha de verse las caras tanto con el aparato legal que ha de reconocerlos, como con el sentir más interno que se encuentra dislocado. Es precisamente con esa contingencia con la que tiene que lidiar día a día el individuo, y es aquí donde entra en juego el nuevo tipo de construcción de subjetividad, que ya no solo se puede ver en los desplazados forzados, sino que se extiende a otras realidades. Se requeriría de mirar hacia ese espacio que se abre tras la desestructuración, pues el humo no deja de ser la seña de que hubo fuego, y es por eso que si miramos hacia ese humo nebuloso, o mejor dicho, desde ese humo nebuloso, podremos ver cómo las diferentes lógicas intervinientes dejan ver un nuevo mundo de vida, una nueva forma de construirla. Como diría Ignacio Lewkowicz:

Mirando desde la estructura, la catástrofe es arrasamiento; desde sí, es contingencia. La contingencia no es el arrasamiento; es la posibilidad precaria de organización de la subjetividad. Puede ser arrasamiento de la solidez, pero no arrasamiento de la subjetividad. La contingencia del encuentro es la posibilidad que surge a partir del choque. (2006 161)

Siguiendo este razonamiento, el desplazamiento forzado, o cualquier otro tipo de hecho que provoque una desestructuración del modo de vida previo, no sería necesariamente el fin, sino que sería la constatación de una nueva forma posible de habitar el mundo, y quizás también una nueva forma de individuo, ese “hombre-frontera” (Agier, 2013), que se caracterizará por vivir en los márgenes de la sociedad tradicionalmente entendida.

El espacio de acogida es el espacio para la supervivencia física, pero pronto se desvela también como el espacio para la reflexión de todo lo que se ha vivido, de lo que se planeaba vivir pero que ha quedado imposibilitado, el espacio en donde se empieza a ser consciente de que ya no hay marcha atrás y que solo es posible ya juntar todos los trocitos de lo que se era, y tratar de hacer algo con ellos, es la única opción posible para poder vivir ese exilio incomprendido, como dijese una de las entrevistadas: “como haciendo una especie de puzle y lo vas reconstruyendo” (E.3 Hija de palestino refugiado). Esa es quizás la forma en la que la subjetividad de retales ha de operar, una suerte de rompecabezas que se irá reconstruyendo y amoldando en ese escenario de contingencia.

Subjetividad de retales como nueva forma de estar en el mundo
El desplazamiento forzado nos permite acceder al mundo de vida de un individuo que ha sido descontextualizado de forma repentina, un individuo que de golpe se encuentra con que todo el entorno de significados queda destruido, pasando a habitar el espacio del “otro”. Un “otro” (sociedad de acogida, sistema humanitario, entramado legal) que lo concebirá como un individuo “carente de”, como un ser carenciado. Esto, teniendo en cuenta la sociedad en la que vivimos, podría ser perfectamente extrapolable a muchas nuevas subjetividades construidas en torno al “dime de qué careces, y te diré quién eres”.

El advenimiento de una sociedad en donde las certezas y la estabilidad de la modernidad se van difuminando, en donde la mixtura y la constante reinversión se convierten en el emblema de individuos que han de tener cada vez más capacidad de improvisar, es la misma en la que se desarrolla esta nueva forma de subjetividad basada en las carencias, que son en última instancia las que han trasladado al individuo de un lugar seguro y permanente, el de la identidad moderna, al terreno de la precariedad de reconocerse en base a lo que ha roto esa seguridad. No deja de ser paradójico, pero es justamente aquello que ha roto la posibilidad de “ser alguien reconocible” lo que pasa a construir ahora ese “ser reconocido”. El estudio del desplazamiento forzado tiene mucho que aportar en relación a esta subjetividad de retales.

Si como hemos visto ya, el desplazamiento forzado es el desencadenante que desestructura todo aquello que se daba por seguro, teniendo especial importancia el hecho de que lo que se esperaba para el futuro no tiene correlación con lo que se está viviendo en el presente, nos encontramos con que esto nos puede valer para ahondar en otras realidades. Yéndonos al caso de otros desplazamientos, por ejemplo las migraciones, vemos también un proceso de desestructuración, aunque no con las mismas características, ya que como nos muestra Jiménez Zuluaga: “El exilio, a diferencia de la migración por otros motivos, no obedece a un proyecto familiar; no está acompañado de sueños, aspiraciones, expectativas y orientaciones en la acción para alcanzarlos” (2011 85).

Aun así, se produce también un individuo que ha de reconocerse en primera instancia como inmigrante, esa será la primera de las etiquetas que se antepondrán a cualquier otra. El individuo, además, tendrá que reconocerse en ese papel, siendo esta la forma de habitar el nuevo espacio. Su subjetividad de retales aquí estará conformada por las señas culturales del país de origen que aun conserve en el país de destino, incorporando las nuevas vivencias y marcas culturales aquí adquiridas. En un contexto global como el actual, la variedad puede ser tan amplia como número de personas haya. Hablamos de nuevo paradigma de subjetividad avistado gracias al estudio del desplazamiento forzado, y valga aquí mencionar a Bauman, quien nos recuerda que:

Los refugiados se han convertido, en una semblanza caricaturesca de la nueva élite del mundo globalizado, en el epítome de la extraterritorialidad en el que se asientan las raíces de la actual precarité de la condición humana, la principal fuente de temores y angustias de la humanidad actual. (2002 143-144)

Esta cita desde luego es muy reveladora, ya que nos deja en sobre-aviso de justamente ese tipo de subjetividad que pone en evidencia el desplazamiento forzado pero que bien puede aplicarse cada vez a un mayor número de personas en otras situaciones. Llegados a este punto cabe preguntarse qué significado, si es que había alguno, albergaba la seguridad de constructos previos. Si la identidad, siempre Idem, igual a sí misma en el tiempo, proporcionaba algo al individuo, quizás era la certeza de ser siempre reconocido como “lo mismo”, quizás entonces las incertezas de hoy en día no vienen tanto por el contenido, sino por la forma, por no poder construir la identidad sobre pilares aparentemente firmes, sino sobre retazos que apenas pueden garantizar una continuidad. Si esto es así, y teniendo en cuenta que el individuo navega en la contingencia reinante en los procesos de desestructuración de esas aparentes certezas, entonces, nos encontramos con un individuo que deberá reconocerse siempre “frente a…”. En nuestro caso, ese “frente a…” se convierte en “carente de…”, que es la imagen con la que el desplazado, el refugiado, el migrante ha de identificarse para poder ser reconocido. Aparicio nos decía: “Los refugiados nacieron a medida que se inventaba la categoría de refugiado” (2013 67). Y al mismo tiempo, a medida que las personas se reconocían dentro de esa definición, iban haciendo más “verdadera” la categoría de refugiado. Como dice Noiriel: “Los solicitantes de asilo buscan desesperadamente cumplir con los estándares que están en su poder, con el fin de obtener el estatus, es decir, en este caso, la nueva identidad civil y colectiva les abre una nueva existencia (Noiriel 2001 287)4. A medida que el individuo se reconoce en las nuevas formas de (la) precariedad, más veraces las hace, les confiere una legitimidad que, paradójicamente, representa una trampa que se va convirtiendo cada vez más en la única manera de ser reconocido como alguien, como ser. Simplemente de ser.

Conclusiones
A modo de conclusión valga decir que el desplazamiento forzado deja un individuo inmerso en la tensión entre su ser externamente reconocido y la imposibilidad de ser lo que se era. En ese espacio que parece dar las pautas para que el individuo se comporte y actúe, ya no solo tiene cabida la construcción de una subjetividad en base a unos elementos fijos y estáticos en el tiempo, sino que abre la puerta a la construcción de sí mismo en base a lo que ya no se es, a los resquicios de esos elementos antes estables, al sujeto “carente de…”, una subjetividad de retales.

El desplazado forzado, tal y como hemos visto, se ve sujeto a numerosos baches que ha de ir sorteando, primeramente el hecho de encontrarse alejado del territorio de origen, luego caído en ese espacio de lucha por el reconocimiento y reconstrucción de su ser, todo ello acompañado del sentimiento de fuertes anhelos, a menudo basados en un proyecto de vida no realizado, que se estipulaba para el presente que se habita. Todos esos escollos hacen del individuo un ser abocado a reconstruirse constantemente, a amoldarse, un ser capaz de improvisar.

Lo que nos queda es, sin duda, saber si existe una traslación de este escenario a otros posibles. Si esto fuese así, encontraríamos en el desplazado ese “epítome de la extraterritorialidad” del que nos hablaba Bauman. ¿Estamos pues ante las raíces de la actual condición humana?, ¿Se está extendiendo esta forma de construcción de sí mismo al resto de la realidad social, más allá del fenómeno del desplazamiento forzado? Porque si es así, ¿podría valernos la hipótesis de la subjetividad de retales para entender otras nuevas subjetividades? Quizás estas cuestiones sean objeto de otros análisis, pero no he querido dejar la ocasión de plantearlas para poder cuestionarnos sobre ese escenario de tensión que viven los desplazados forzados, y las posibilidades de que esas mismas condiciones se hayan extendido a otros espacios y otras condiciones.

Obras citadas
Agier, M. La condition cosmopolite. La antrhopologie à l’épreuve du piège identitaire, Paris: La Découverte, 2013.

Aparicio, J.R. “Gobernando a la persona internamente desplazada: problemas y fricciones de un nuevo problema mundial.” Tabula Rasa, No. 13, Vol. julio-diciembre, Colombia, 2010, pp. 13-44.

---. “Rumores, residuos y Estado en ‘la mejor esquina de Sudamérica’. Una cartografía de lo ‘humanitario’.” Colombia, Bogotá: Ediciones Uniandes, 2012.

Bauman, Z. La sociedad sitiada, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2002.

CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). La situación de las personas desplazadas en España: Informe 2014. Madrid: Catarata, 2014.

Gatti, G. El detenido-desaparecido. Narrativas posibles para una catástrofe de la identidad, Montevideo: Trilce, 2008.

Jelin, E. y S.G. Kaufman. Subjetividad y figuras de la memoria. Buenos Aires: Siglo XXI, 2006.

Jiménez Zuluaga, B.I. “La migración internacional forzada: una ruptura con los proyectos de vida.” Trabajo social, No. 13, Vol. enero-diciembre, Bogotá, 2011, pp. 77-93.

Lewkowicz, I. Pensar sin estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Buenos Aires: Paidós, 2006.

Noiriel, G. Éttat, nation et immigration. Vers une histoire du pouvoir. París: Édition Berlin, 2001.

Ponte Iglesias, M.T. Conflictos armados, refugiados y desplazados internos en el Derecho Internacional actual. Santiago de Compostela: Tórculo Edicións, 2000.

Ricoeur, P. La memoria, la historia, el olvido. Madrid: Editorial Trotta, 2003.

Vidal, R. Derecho Global y Desplazamiento interno. Creación, uso y desaparición del desplazamiento forzado por la violencia en el Derecho Contemporáneo. Bogotá. Pontificia Universidad Javeriana, 2007.

Entrevistas citadas
E.1: Asilado temporal, Colombia. Entrevista llevada a cabo en Bilbao, en noviembre de 2012.

E.2: Solicitante de Apatrídia, Sáhara Occidental. Entrevista llevada a cabo en Bilbao, en noviembre de 2012.

E.3: Hija de palestino refugiado. Entrevista llevada a cabo en Durango, en noviembre de 2012.

Notas
1 En este caso se mencionaba en referencia al desplazamiento interno.

2 Todas las entrevistas aquí utilizadas proceden del trabajo de campo desarrollado durante el curso 2012-2013, en el marco de un trabajo de Fin de Máster, del Máster de Modelos y Áreas de investigación en ciencias sociales, ofertado por la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad del País Vasco. Las entrevistas fueron efectuadas en el País Vasco, como parte del trabajo de campo conducente al escrito titulado “Desplazados/refugiados: construcción de identidad en catástrofe social”.

3 En el caso de la migración por motivos económicos, aunque es innegable que existe una obligatoriedad de las condiciones materiales que lleva a contemplar la salida del territorio habitado para mejorar las condiciones de vida, esta salida es fruto de una planificación, de una modelación del proyecto vital. En el caso del desplazamiento forzado la mayoría de las veces, por no decir todas, surge de situaciones inmediatas, de un contexto que rompe la dinámica en la que se vivía.

4 Traducción propia. El original: “Les demandeurs d’asile cherchent désespérément à se conformer aux normes de ceux qui les tiennent en leur pouvoir, dans le but d’obtenir un statut, c’est-à-dire, dans ce cas, la nouvelle identité civile et collective qui leur ouvre les portes d’one nouvelle existence”.