(Des)Humanidad(es)

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Catherine Walsh
Universidad Andina Simón Bolívar


Este texto abre una reflexión sobre la situación actual de la(s) humanidad(es) y los estudios culturales-sociales-humanos latinoamericanos en un mundo cada vez más deshumanizante, un mundo donde también están incluidos, y de manera particular, los estados de la llamada “giro izquierdista” de América del Sur. A partir de los ejemplos concretos de Argentina y más específicamente del Ecuador, se pone en consideración la operación de nuevos patrones del poder, de neodisciplinamiento y de modernización en la educación superior “posneoliberal”, que no solo exaltan “la ciencia universal” sobre las ciencias sociales y humanas –y con miras hacia nuevas matrices productivas aún ligadas al mercado–, sino también establecen y fijan criterios de valor sobre seres y saberes, y sobre las ideas mismas (antropocéntrica/moderno/coloniales) de “humano” y de “humanidad”. Así indaga sobre los “ojos internos” que están siendo formados y reforzados hoy en los países alabados por izquierdistas latinoamericanistas como la “marea rosada” y pregunta sobre la posibilidad y potencial de las humanidades mismas como espacios de indagación, constitución y construcción de humanidad ante un mundo que aun perpetua la deshumanización, el patriarcado y la colonialidad.

Palabras clave: humanidad, deshumanización, Humanidades, Ciencias Sociales, decolonialidad


 

Las ciencias sociales y humanas están
deshumanizadas y desmundanizadas,
están sin gentes ni mundo, ¿entonces para qué?
(María Eugenia Borsani1)

Reconocernos humanos es saber que
siempre habrá nuevas luchas y retos…
avanzamos…un pie delante del otro.
(Gioconda Belli 2010: 276)


En las universidades de la América del Sur, el hoy huele y duele. Tal vez no debo generalizar, aunque sí sé que esta perspectiva es compartida por muchos.

Huele por sus complicidades con un capitalismo que, en esta región, tiene escasas señales de decaimiento. Un capitalismo que sirve a los intereses tanto de gobiernos neoliberales como de los llamados posneoliberales; un capitalismo re-realizado en nombre de la modernización –de hecho aún colonial– y efectuado, en gran parte, por medio de extractivismos geoepistémicos y socioculturales además de la naturaleza.

Duele por el carácter y práctica deshumanizada y desmundanizada que ambos –universidades y gobiernos– están perpetuando en su interior, en su política, en su hacer y en su afición misma de “modernizar”, afición que distancia estas entidades de las realidades de la gente y de la existencia social y cultural, a la vez que exige su disciplinamiento y determina su funcionalidad –o no– ante las necesidades e intereses del mercado y del estado nacional, alentando viejas y nuevas formas de deshumanización y deshumanidad.

Duele también, como bien me ha dicho Maria Eugenia Borsani en nuestro diálogo continuo sobre este asunto, en “el ‘sonambulismo intelectual’ (Lander), …en el silencio que se vuelve cómplice, …en la apatía e indiferencia instaladas desde hace tiempo, muy  plácidamente en las universidades y las humanidades”.2

Estos tiempos imbricados de olor y dolor, pero también de sentipensamientos –el concepto que el sociológico maestro-militante Orlando Fals Borda tomó de los hombres hicoteas ribereños colombianos–, y de susto, rabia y frustración, tienen poca visibilización en la literatura académica y poco eco en las esferas actuales del intelectualismo latinoamericanista. Con este breve texto pretendo emprender una discusión sobre ello.

Reconozco el debate y reflexión iniciados en el primer número de alter/nativas en torno a los estudios culturales latinoamericanos y su condición en la academia estadounidense, debate y reflexión que ayudó a abrir consideraciones de carácter geopolítico y epistémico, y develar visiones sobre América Latina hoy y sus luchas, sujetos, pensamiento y estructuras de poder. Sin embargo, mi interés aquí no está orientado a los estudios culturales latinoamericanos per se (aunque su lugar disidente está latente); tampoco es dar continuidad a la discusión concretada en otros momentos sobre los estudios culturales desde América Latina y su conceptualización como proyecto, proceso y práctica política (ver Walsh 2010 y 2011). El interés, más bien, se centra en algo aún más crítico y complejo: la situación actual de la(s) humanidad(es) y los estudios culturales-sociales-humanos latinoamericanos en un mundo cada vez más deshumanizante, un mundo donde también están incluidos, y de manera particular, los estados del llamado “giro izquierdista” o “marea rosada” de América del Sur.

De hecho, la fascinación casi ciega que mantienen algunos latinoamericanistas izquierdistas (ver, por ejemplo, Beverley 2013) con esta “marea”, con sus gobiernos y gobernantes, y con el estado como principal agente de cambio en las estructuras de poder, contribuye no solo a la subalternización de los actores cuya insurgencia político-epistémica hizo posible la transformación del proyecto social y constitucional, sino también a su descalificación y eliminación como colectivo pensante humano.  Tales posturas –que forman parte también de las estrategias discursivas de “infantilización” de Álvaro García Linera en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador– nos regresan a paradigmas ideológicos de la izquierda blanca y eurocentrada, al ethos masculino paternalista (Mendoza 2010) y a una lógica civilizatoria, clasificatoria, descalificadora y disciplinante –de seres y saberes– sin duda de violencia colonial.3 Es esta coyuntura caracterizada, por un lado (y especialmente desde miradas de afuera), por giros “progresistas” de aspecto posneoliberal y, por el otro lado, por su esfuerzo de “modernización” y “neodisciplinamiento”, incluyendo el ámbito académico-científico, que da el trasfondo de mis reflexiones aquí.

Parto de algunos interrogantes generales: ¿qué entendemos hoy por “humanidades” y qué lugar ocupan en universidades cada vez más encaminadas hacia una lógica de empresa científica, profesionalizante y deshumanizante? ¿Qué hacer ante el posicionamiento de los estudios sociales, culturales y humanos como “saberes inútiles” y cómo podemos indagar a su interior sobre los seres y saberes –y por ende sobre la operación de patrones de poder racializados y generoizados– típicamente ocultados y considerados más inutiles aun para el avance de la modernización estatal, y sus esferas productivas y del mercado? ¿Existe una consideración o preocupación sobre el problema de “humanidad” aun presente: la sobrehumanidad de algunos, la subhumanidad de otros y las prácticas de deshumanización que no solo subordinan a ciertos grupos humanos, sus culturas, conocimientos y visiones de estar en y con el mundo, incluyendo no sólo la naturaleza, sino también aquéllos que apelan por su eliminación? ¿Cómo y por qué pensar con estas visiones, seres y conocimientos y con las condiciones, luchas y contribuciones que revelan? ¿Y de qué manera tal apuesta –de hecho pedagógica-metodológica-investigativa- podría tender puentes, interrumpiendo y transgrediendo fronteras disciplinares y poderíos disciplinantes, hacia humanidad(es) radicalmente distinta(s)? Son estas preguntas las que guían de manera general la presente discusión.

Lógica clasificatoria y decadencia disciplinar
En su carta abierta “No Humans Involved”, escrita a sus colegas de Stanford en 1992, Sylvia Wynter mostró de manera directa y clara cómo la lógica clasificatoria racial cultural aun fundamenta el orden del conocimiento y sus paradigmas disciplinarios. Wynter parte del caso de Rodney King4 y el uso común por oficiales públicos del sistema judicial en la ciudad de Los Ángeles de la expresión “N.H.I.” –“ningún humano involucrado” (no humans involved)– para referirse a hombres negros-jóvenes-urbanos, así argumentando que esta clasificación es, a fin de cuentas, producto de la academia, de la lógica clasificatoria de las humanidades y ciencias sociales y sus modos relacionales de comprensión subjetiva, es decir de los “ojos internos” o “inner eyes”.

Las ciencias sociales y humanidades contribuyen a la lógica clasificatoria de nuestros “ojos internos”, dice Wynter, haciéndonos observar, percibir, pensar e interpretar desde una lente cultural y epistémicamente condicionada, una lente que impone “límites de cómo podemos ver, conocer y actuar sobre el orden global y nacional; los limites entonces de nuestra ‘Verdad’” (Wynter 1994: 61) que, a la vez, ocultan y niegan otras verdades. Es este modo de (mono o uni)“Verdad” del orden epistemológico actual –con su hegemonía económica y no ecosistémica o humana– que da continuidad a los órdenes clasificatorios y disciplinares y a sus “ojos internos”. Así establece y fija criterios de valor sobre seres y saberes, imponiendo, al mismo tiempo, una idea antropocéntrica del humano como organismo natural que rehúsa su relacionalidad con otros seres dentro de un sistema vivencial y viviente, ancestral y espiritual, y de articulación e imbricación con la naturaleza.

Las humanidades y las ciencias sociales contribuyen a la lógica clasificatoria pero también son productos de ella y de lo que Lewis Gordon denomina la “decadencia disciplinar”. Para Gordon, la idea de decadencia disciplinar lleva a una consideración crítica tanto sobre el alcance real del conocimiento disciplinario como sobre la reificación y ontologización disciplinar y su mismo decaimiento.

Así un científico decadente critica a las humanidades por no ser científicas; un  literario decadente critica a los científicos y a los cientistas sociales por no ser literarios o  textuales; un cientista social decadente critica a los literarios y a las humanidades en general por no ser socialmente científicos; […] y el historiador critica a todos por no ser históricos. (Gordon 2006: 33)5

Los “ojos internos” del intelectual arraigado en su disciplina o campo se ontologizan y se cierran epistemológicamente, negando o ignorando no solo otras perspectivas sino, lo que resulta aún más crítico, a compromisos y cuestiones que sobrepasan la disciplina por sí. Gordon se refiere a eso como el acto de suspensión teleológica que permite transcender la decadencia disciplinar y abrirnos, no cerrarnos, epistémica, metodológica y pedagógicamente. Este acto de transcender parece cada vez más importante en instituciones académicas que están en pleno proceso de re- o neo-disciplinamiento, instituciones que están alejándose de las realidades sociales, de la gente y de las exigencias humanas y de la humanidad. Las “ciencias sociales y humanas deshumanizadas y desmundanizadas, sin gentes ni mundo” a las que se refiere Borsani en nuestro epígrafe.

Deshumanización, desmundanización y humanismo racional
Las grandes movilizaciones universitarias en Chile desde 2011 ejemplifican la situación y condición de deshumanización y desmundanización y su raciocinio del humanismo racional. Entre sus demandas: una educación más relevante y sujetada a la “otra-humanidad” que “fue acallada violentamente por la modernidad”, una humanidad no ligada al mercado o al humanismo racional, euro-usa-céntrico y pretendidamente universal que sigue ordenando seres y saberes en un sistema mundo moderno/colonial deshumanizador (Barriga 2012: 116). En este sentido y como señala Barriga,

El movimiento estudiantil chileno no es un hecho aislado, sino una de las emergencias que encarnan los jóvenes a nivel global y a través de las cuales están haciendo manifiesto el descontento que llevan marcado a fuego y que afirma que otro mundo es posible. …A nuestro parecer [este movimiento] no sólo pone en evidencia la crisis del sistema educativo en Chile –desde una historia interna–, sino que las demandas develan la lógica de dominación de la colonialidad misma: humanismo y capitalismo desde una historia externa. (2012: 112-113)

El humanismo, como bien sabemos, ha sido componente fundamental del poder imperial-colonial-capitalista y su racionalidad/proyecto occidental y occidentalizante; las acciones de “humanizar” (leer: civilizar, domesticar y pacificar) a los “bárbaros y salvajes”, “desarrollar” a los “subdesarrollados” e instituir un modelo humano –de humanidad– que jerarquiza seres y saberes, son solo parte del legado “humanístico” (de humanismo como también de humanidades) y su dupla que ha sido –y es– la deshumanización –deshumanidad. Una relectura hoy de La carta sobre el humanismo de Heidegger (1946) es en este sentido reveladora; nos hace pensar que, a pesar de discontinuidades históricas y nuevas inflexiones, el humanismo racional permanece junto a la dupla de deshumanidad.

La manifestación más clara se encuentra en la política nacional y regional. Hoy los gobiernos  “progresistas” nombran sus proyectos “humanismo social”. “Hay que profundizar este modelo de humanismo social, donde se privilegian el empleo, el trabajo, la producción y el consumo, que es igualadora de oportunidades”, dijo el presidente de la Cámara de Diputados de Argentina en 2013.6 Mientras tanto las leyes y políticas gubernamentales argentinas rebajan los derechos indígenas y derechos humanos a favor de “las industrias extractivas que avanzan sobre territorios ancestrales” (Aranda 2012); y la academia –más notablemente las humanidades y ciencias sociales- cierra los ojos, vaciándose cada vez más de lo humano y de lo social.

Para Borsani, autoidentificada como filósofa “indisciplinada”, el escenario académico en Argentina en general y el de la norpatagonia en particular, demuestra esta lamentable realidad de  deshumanidad(es). Cito en extenso un extracto de nuestra conversación:

Hace tiempo que vengo usando una metáfora y es la de las humanidades deshidratadas de mundo, hace falta inundarlas de mundo, revivificarlas, nutrirlas; si no muertas, están en un estado de dramática agonía. Acá las humanidades debieran estar más preocupadas, digo, que en otros lugares. Acá la fisonomía de nuestros pueblos ha cambiado de manera abrupta en los dos últimos años a partir de la “fiebre de Vaca Muerta”7… está cambiando ante nuestros ojos la matriz productiva, en zonas de producción frutícola emplazadas por torres de fracking…La ley antiterrorista…, la criminalización de la protesta social,…balas que se disparan en las movilizaciones en contra de este estado de cosas… Esto,… ¿qué tiene que ver con las humanidades? ¿Y por qué no con las humanidades? …De esto muy poco se habla en las aulas, no figura como tema- problema en los pasillos de mi facultad. No está visibilizado lo acuciante del presente que debiera presentársele a las ciencias sociales y a las humanidades,… a las deshumanizadas humanidades. …Algunos estamos convencidos que estamos siendo testigos de una nueva modalidad de colonialidad, sin colonialismo a la vieja usanza, pero no por ello menos grave pues es con el consentimiento de las administraciones regionales y nacionales.

También ejemplificador de esta nueva modalidad de colonialidad es lo que Arturo Villavicencio llama “el creciente colonialismo académico” del sistema de educación superior ecuatoriana. Para Villavicencio, este colonialismo conduce a “una suerte de capitalismo académico que niega la universidad como un espacio público de debate, discusión, análisis y crítica” y como institución de misión social. “Todo eso bajo la idea de convertir a la universidad ecuatoriana en instituciones productores de profesionales y conocimientos prácticos, funcionales al proyecto político del Gobierno, a los planes de desarrollo y por supuesto, de utilidad para el mercado” (Villavicencio 2013: 217). A continuación veamos con algo más de detalle el caso del Ecuador, un caso que me atañe directamente. 

La UNI-versidad y saberes útiles de la “Revolución Ciudadana” ecuatoriana
En repetidas ocasiones el Presidente ecuatoriano Rafael Correa ha denominado “humanista” su proyecto gubernamental de la llamada “Revolución Ciudadana”; “humanista pero con los pies bien puestos sobre la tierra”. El aporte de la nueva matriz productiva –eje de la política actual– es “el ser humano por encima del capital”, dice Correa. Es necesario mirar hacia la base productiva “pero también con humanismo, no como hacia el neoliberalismo: salarios libres, competitividad en base a la fuerza laboral. No, hay que hacer cosas nuevas y mejores” (en Lizarado 2014).

Una de estas “cosas nuevas y mejores” se relaciona con el conocimiento, la ciencia y la educación superior. Al trasplantar modelos y esquemas de “conocimiento científico” de otras partes (especialmente de Estados Unidos, Europa, China y Corea del Sur) y suscitar una falsa noción del “universalismo del conocimiento” (Villavicencio 2013a),  el sistema de educación superior está distanciándose de las realidades locales, del proyecto de sociedad y Estado Intercultural y Plurinacional forjado en la Constitución de 2008, y de los seres y saberes pactados con ancestralidades, territorialidades y posturas-perspectivas de Abya Yala y del “Sur”. Con la modernización viene el individualismo y la individualización del ser humano, las necesidades del Estado (incluidos en él la tecnología y el extractivismo) sobre las necesidades comunitarias y colectivas, y la profundización de la “brecha entre ciencia hegemónica y ciencia periférica” todo bajo una mentalidad de desconfianza y una política de vigilancia, disciplinamiento y control (Villavicencio 2013a: 219; Ospina 2013).8 Para Villavicencio, docente y exdirector de lo que era la CONEA (Consejo de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior) estamos ante la creación de una universidad fragmentada en tipologías absurdas y con espacios académicos limitados y jerarquizados” (2013a: 217).  La lógica clasificatoria, la decadencia disciplinar y la inutilidad de estudios sociales, culturales y humanos están en plena vigencia, re-desarrollo y ejecución.

A partir de la nueva Ley Orgánica de Educación Superior (LOES), de 2010, existen nuevas normativas y nuevas medidas de evaluación que pretenden mejorar las universidades del país y su empeño científico-académico, forjando un modelo que desacredita lo nacional, reifica el “primer mundo” y su conocimiento “universal” y concreta la función práctica y productiva de la universidad, función que es utilitaria con respecto al proyecto político, modernizante y neodesarrollista del gobierno actual. Como afirma Villavicencio,

Una falsa noción de universalismo del conocimiento parecería ser el principio que está orientando las políticas de la educación superior […]. Un inusitado entusiasmo por la investigación al borde de conocimiento científico, como solución a los problemas del país y la clave para alcanzar el buen vivir, están configurando mecanismos burocráticos en la definición y control de la agenda de investigación […]. […] Una suerte de capitalismo académico que niega la universidad como espacio público de debate, discusión, análisis y crítica. […] Una suerte de colonialismo académico que niega la experiencia, la historia de la universidad ecuatoriana e ignora su papel fundamental como repositorio de la cultura nacional que la está haciendo perder su sentido y horizonte. (Villavicencio, 2013b: 8-9)

El cierre definitivo, por parte del gobierno, de la Universidad Intercultural de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas (Amawtay Wasi) en octubre 2013 por falta de calidad académica –así en esos términos “universales”– y la baja de categoría en diciembre 2013 de la mayoría de las universidades públicas del país son acciones demostrativas, sin sugerir que estas instituciones pudieran haber estado exentas de debilidades.

La LOES exige que los docentes universitarios a tiempo completo tengan doctorado (PhD) para ejercer la cátedra, dando un plazo para conseguirlo hasta 2017. Con el objetivo de “poblar el país de PhD”, el gobierno ofrece desde 2010 un programa de becas completas no reembolsables (de hasta USD$250,000) para el estudio del posgrado en el exterior dentro de universidades identificadas de “excelencia” por clasificaciones internacionales (de Shanghái e Inglaterra).9 Estas becas se encuentran alineadas al Plan Nacional de Desarrollo y a la política pública en áreas que permiten impulsar la matriz productiva. Según la convocatoria de 2013, “el total de becas otorgadas en las áreas de Ciencias Sociales, Educación y Arte y Cultura no sobrepasará el 10% del total de becas adjudicadas en la presente convocatoria” (SENESCYT 2013). En la convocatoria de 2014, las ciencias sociales fueron simplemente eliminadas (SENESCYT 2014).

Según René Ramírez, el director de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (SENESCYT), “Ecuador cuenta con 8.859 becarios y es el país con mayor nivel de becas en función de la población, superando a países como Brasil, Chile o México y es el tercero a nivel mundial después de Alemania y Dinamarca” (SENESCYT 2014). Desde luego, el problema no es este programa de becas, sin duda de importante inversión. El problema, más bien, está relacionado  con el proyecto de modernización académica intelectual –en el cual las becas están insertas– que enaltece la “excelencia” de instituciones extranjeras de los países “desarrollados” por su oferta científica y tecnológica “universal”, desprestigiando y subordinando lo nacional y regional. Pensar desde y con el Sur, y más especialmente con sus ciencias, conocimientos y saberes ancestrales, exaltado por la Constitución, se invierte actualmente en el paradigma (neodesarrollista) de modernización; así la escisión cartesiana entre el ser, hacer y conocer, entre ciencia y práctica humana, se fortalece y se mantiene (Walsh 2007). La idea prevalente es que con más PhD y más conocimiento científico de corte “universal” –traído de regreso al país por estos doctores–, Ecuador podría avanzar su modernización. Desde esta perspectiva, tanto el conocimiento como la educación de posgrado son actualmente bienes funcionales al proyecto gubernamental. Los conocimientos y saberes ancestrales (considerados y tratados como locales y no universales) son tomados en consideración en la medida en que resultan útiles a este proyecto nacional; su desarrollo y estudio fuera de ese marco –incluyendo en las instancias educativas– no tienen cabida. Son considerados como contraproducentes a la Revolución Ciudadana, a su política de interculturalidad funcional y a su meta de erradicar la pobreza y llevar el país a la modernización global.

Hasta lograr que los becados retornen al país con su título (y conocimiento) en mano, el plan es importar de forma masiva a PhD extranjeros. Una estrategia –de corto plazo– es el proyecto “Prometeo de viejos sabios” que invita a investigadores extranjeros (y nacionales radicados en el exterior) con PhD a venir al país durante uno o dos años con salarios que sobrepasan por mucho a los de profesores nacionales. Morales Ordoñez (2013) retoma la justificación y descripción que hace SENESCYT:

Desde la referencia a la mitología griega que inspira el nombre del Proyecto, en este caso se posiciona al conocimiento como el objeto a recuperar por ser el mecanismo más potente y directo para alcanzar el buen vivir o “Sumak Kawsay” que es la aspiración nacional consagrada en la norma fundamental del Estado del Ecuador y ejecutada en la cotidianidad pública y privada social de este País. El Proyecto Prometeo Viejos Sabios es un mecanismo de inversión social para generar conocimientos que fomenten el desarrollo económico, la competitividad y la producción de los sectores estratégicos nacionales. Promueve el acceso a conocimientos y tecnologías y a su generación endógena, considerados como bienes públicos.        

Para SENESCYT, el objetivo es:

Incorporar docentes investigadores y expertos de alto nivel internacional, para que desarrollen en el país actividades de investigación científica, docencia, difusión y transferencia de conocimientos en instituciones públicas y universidades que pueden  acogerlos. […] A aportar en las áreas estratégicas del Ecuador, como Hidrología, Oceanografía, Medio Ambiente/Recursos Naturales, Meteorología, Vulcanología, Petroquímica/Petróleos, Hidrocarburos, Energías, Geociencias/ Geología, Minas, Metalúrgica, Geografía, Recursos Hídricos, Recursos Forestales, Gas Natural; y, Prevención de Riesgos/Catástrofes. […] El Proyecto Prometeo Viejos Sabios, es uno de los programas más lúcidos y visionarios. Se trata, en definitiva, de potenciar la movilidad académica y científica inversa, es decir, aquella que recibe talentos en lugar de exportarlos, como ha sido la práctica del Ecuador. (Morales Ordoñez 2013)10

Otra estrategia, de más larga duración, es contractual. Actualmente el gobierno está ofreciendo contratos dentro de las cuatro nuevas universidades –conceptualizadas, planificadas y administradas por el Estado- que se abrirán en el 2014. El 22 de julio de 2013 el gobierno publica el siguiente anuncio en el periódico español El País: “Ecuador ofrece miles de plazas de trabajo para docentes españoles”. Mientras se proyecta 5,000 plazas dentro de los próximos cinco años para docentes de primaria y secundaria, el anuncio explica que el gobierno ofrece de forma inmediata 500 puestos para profesores universitarios españoles con PhD para que formen los futuros profesores del Ecuador dentro de la nueva Universidad Nacional de Educación. Con buenos sueldos y bonos de vivienda, alimentación y transporte, la nueva invasión española ya está en pleno camino. Según la Subsecretaría de Desarrollo Profesional y Educación, España es el primer país en recibir esta oferta tanto por el alto nivel de los españoles como por “las afinidades tanto en el idioma como históricas entre los dos países”.11

Al parecer, la pretensión aquí es traer gente que sepa para que enseñe a los que no saben; el hecho de que los que saben –los españoles– vienen del mismo país que hace más de 500  años vinieron a conquistar, civilizar y educar es inconcebible. Además, y con la contratación masiva en las otras nuevas universidades del Estado, de profesores no solo de España sino también de otros países “desarrollados”, hace pensar que el verdadero conocimiento está afuera. A diferencia del pasado, ahora la geopolítica dominante del conocimiento es política nacional. ¿Una nueva reconfiguración de la colonialidad del saber dentro de un gobierno supuestamente “progresista”?

La instrumentalización de todo eso se concreta en el Yachay, “la ciudad de conocimiento”:

Ciudad planificada para la innovación tecnológica y negocios intensivos en conocimiento, donde se combinan las mejores ideas, talento humano e infraestructura de punta, que generan las aplicaciones científicas de nivel mundial necesarias para alcanzar el buen vivir… configurando de esta manera el primer hub del conocimiento de América Latina. (http://www.yachay.gob.ec)

Con su inauguración oficial en marzo 2014, el director de SENESCYT hace un paralelo abrumador:

Si un lunes 26 de julio de 1972 se llenó el primer barril de petróleo para la exportación y nació el boom petrolero en el país, simbólicamente y de manera análoga podría señalar que hoy, 31 de marzo de 2014 arranca la primera generación de Yachay y con ello inicia un ciclo que, esperemos genere un nuevo boom, el boom del conocimiento (René Ramírez citado en http://www.yachay.gob.ec/inicia-el-boom-del-conocimiento-en-ecuador/)

Yachay es el proyecto emblemático de la “Revolución Ciudadana”; con una inversión de corto plazo de más de 500 millones de dólares, se concibe como “Universidad de clase mundial”. Responde a la “repetida promesa de que la ciencia, la investigación de punta y una educación superior funcional son el camino más seguro para el buen vivir” (Villavicencio 2013a: 220).

En su organización académica, Yachay (construido en 4,270 hectáreas que pertenecían a tierras ancestrales afroecuatorianas e indígenas) se fundamenta en cinco áreas del conocimiento priorizadas y enfocadas en el cambio de la matriz productiva del país y en resolver problemas de la sociedad: ciencias de la vida (tecnologías, bio-fármacos, biodiversidad y recursos genéticos), tecnologías de información y comunicación, nanociencias, energía y petroquímica. Con una planta académica conformada por “los mejores perfiles de PhD” en ciencias básicas a nivel internacional, en su gran mayoría extranjeros, Yachay pretende revolucionar la educación superior ecuatoriana; es decir desarrollar, modernizar y universalizarla. De esta manera, va desplazando carreras y programas existentes en las universidades nacionales y sus docentes, promulgando a su vez, y cada vez más, la reificación de las ciencias tecnológicas, productivas y “universales”,  y la inutilidad de las humanidades y ciencias sociales. Así son la lógica clasificatoria, el re-disciplinamiento y los “ojos internos” de la “Revolución Ciudadana”.

A manera de conclusión
Inicié este texto planteando una serie de interrogantes, no con el afán de ostentar respuestas sino con un tenor interpelativo y con el ansia sentipensante de poner en texto mi preocupación. Me preguntaba acerca de la existencia de algún interés o preocupación por la cuestión sobre la “humanidad” aun vigente: la sobrehumanidad de algunos, la subhumanidad de otros y las prácticas de deshumanización que no solo subordinan a ciertos grupos humanos, sus culturas, conocimientos y visiones de estar en y con el mundo, incluyendo la naturaleza y también a aquellos que apelan por su eliminación. También me interrogaba sobre el cómo y el por qué pensar con estas visiones, seres y conocimientos y con las condiciones, luchas y contribuciones que revelan, indagando a la vez sobre la manera que tal apuesta –de hecho pedagógica-metodológica-investigativa– pudiera tender puentes, interrumpiendo y transgrediendo fronteras disciplinares y poderíos disciplinantes, hacia una(s) humanidad(es) radicalmente distinta(s).  Todo ello en el contexto de las esperanzas y utopías abiertas por la Constitución ecuatoriana, en las redes de praxis y pensamiento-otro que se extienden desde la Patagonia hasta el Rio Grande, atravesadas a su vez por nuestros esfuerzos en Quito, por las Universidades de la Tierra en Oaxaca y San Cristóbal, y por el territorio zapatista con su resistencia infatigable y sus “escuelitas” de libertad, entre muchos otros “lugares” –lugares-otros-en-redados– que existen y tienen resonancia también en los otros sures, incluyendo los sures presentes en el norte geográfico y global.

Dice Gordon que “hay una paradoja en el corazón de estudios humanos, y esa es que el ser humano tiene que ser constituido por estos estudios, siempre trascendiéndolos a la vez” (2006: 126).  Por eso, aferrarnos a y cerrarnos ciegamente en lo disciplinar es limitar la posibilidad y potencial de las humanidades mismas como espacios de indagación, constitución y construcción de humanidad ante un mundo que aun perpetua la deshumanización, el patriarcado y la colonialidad.

La reflexión aquí no pretende, por ende, abogar por las humanidades en sí, académicamente entendidas; tampoco argumenta con la finalidad de instalar y fraguar su utilidad epistémica dentro de la lógica clasificatoria y re-canonización newtoniana de la ciencia con su mira contemporánea hacia las nuevas matrices productivas. La preocupación, más bien, es por cuáles son los “ojos internos” que están siendo formados y reforzados hoy, particularmente en los países que izquierdistas latinoamericanistas como Beverley siguen alabando como la “marea rosada”.

Wynter ofrece una clara amonestación al respecto de estos ojos que imponen “límites de cómo podemos ver, conocer y actuar sobre el orden global y nacional; los limites entonces de nuestra “Verdad” (Wynter 1994: 61) que, como hemos argumentado aquí, ocultan, niegan y violentan otras verdades, estableciendo y fijando criterios de valor sobre seres y saberes, y sobre las ideas mismas (antropocéntrica/moderno/coloniales) de “humano” y “humanidad”.

Concluyo con estas reflexiones dialógicas de María Eugenia Borsani:

No sé qué futuro le depara a las deshumanizadas humanidades y mucho menos a las ciencias sociales, ambas vaciadas de lo humano y de lo social, pero sí estoy convencida que la lógica de construcción de saberes ya no puede ser la que era; si queremos saber del hombre, de la humanidad, de la sociedad, deberemos instalarnos más en ella y morar menos en nuestros cálidos y confortables escritorios. Creo que la usina de saberes definitivamente ya no está en las casas de “altos” estudios, sino que está en el mundo, allí, en los tantos mundos. En tal caso, en nuestras actividades académicas conceptualizamos y teorizamos, pero no comporta sentido alguno si ello es volviéndole la espalda a lo urgente y perentorio; hablar del presente es políticamente incorrecto y académicamente improcedente, mientras yo estoy empeñada a volverme hacia lo acontecimental que no puede demorarse en ser atendido y como tantas veces ha dicho Edgardo Lander, en pos de despertar del ‘sonambulismo intelectual’ porque el ‘hoy’ duele.

Obras citadas
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Barriga, Camilo. 2012. “(Des)humanizar. Una lectura decolonial acerca del movimiento estudiantil de 2011 en Chile”. En: Colonialidad/Decolonialidad del poder/saber. Miradas desde el Sur, J. Solano y otros eds. Valdivia, Chile: Ediciones Universidad Austral de Chile. (111-126)

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Notas
1 Profesora y directora del Centro de Estudios y Actualización en Pensamiento Político, Decolonialidad e Interculturalidad de la Universidad Nacional de Comahue, Neuquén, Argentina. Conversación personal, agosto 2014.

2 Diálogo llevado a cabo entre agosto y septiembre 2014.

3 Aunque el adjetivo “infantil” y la práctica misma de “infantilización” están presentes en el famoso ensayo de Lenin de 1920 (referenciado también por Beverley, 2013) que pretendía descreditar y descalificar las desviaciones sectarias del “ultraizquierdismo” comunista, su historicidad es mucha más larga. De hecho, la infantilización ha sido parte misma de las estrategias de inferiorización de mujeres, pueblos indígenas, y de africanos y sus descendientes; su larga data está arraigada a la colonialidad del poder, el patriarcado, la esclavización, las misiones civilizatorias, el darwinismo social, las ciencias “naturales” y a lo que Quince Duncan (s.f.) llama la ideología del “racismo factual doctrinaria”. Su uso hoy por líderes e intelectuales –todos hombres blancos- hace, sin duda, recordar esta historicidad, su lógica clasificatoria y su pretensión de superioridad.

4 Rodney King, taxista afroestadounidense, fue agredido brutalmente por varios agentes de la policía el 3 de marzo de 1991 después de haber sido perseguido por estos estando en libertad condicional por robo.

5 Ver también la traducción de este libro al español: Decadencia disciplinaria. Pensamiento vivo en tiempos difíciles, Quito: Abya-Yala Serie Pensamiento Decolonial, 2013.

6 “El modelo del ‘humanismo social’”, Pagina 12, El País, 30 de agosto 2013. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-227901-2013-08-30.html

7 La referencia aquí es al yacimiento hidrocarburífero de Vaca Muerta donde la petrolera Chevron está invirtiendo 1.600 millones de dólares, produciendo una “fiebre” económica e inmobiliaria y, a la vez, la destrucción masiva  del suelo, de comunidades y de la vida misma.

8 Relevante aquí es la señalización que hace Dávalos: “ahora estamos en un proceso en que el Estado copta la vida social y la política institucional, salir del Estado significa desafiarlo y eso, en la actual Constitución se llama terrorismo” (Dávalos, 2011: 9).

10 Así hace un llamamiento a “los talentos, profesores o investigadores de renombre, nacionales o extranjeros que se encuentran en el exterior, en países que cuentan con un nivel de desarrollo importante en ciencia y tecnología, […] para que vengan al Ecuador a trabajar en sus respectivas áreas del conocimiento, en un escenario administrativo y social claramente definido y en condiciones económicas, sociales, profesionales y humanas muy adecuadas y atrayentes” (Morales Ordoñez, 2013).